Antiguamente un
brazo de mar que
penetraba como un fiordo entre las montañas de la Caria, los
sedimentos
arrastrados por el río Meandro crearon extensiones de tierra que
terminaron por cortar su salida al Egeo. La entrada de mar se
convirtió
así en un lago de poca profundidad y de aguas salobres, en cuya
orilla duermen, en un paraje lleno de leyendas, las ruinas
helenístico-romanas
de Heracleia del monte Latmos.
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Heracleia del
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