Cerca y lejos del
ajetreo de nuestra civilización hay un mundo más
verdadero, un reino de
paz y sosiego en el que no rigen los relojes, porque las horas las
marca el sol; un universo de ilimitada belleza donde el goce de los
sentidos aspira a alcanzar su máxima plenitud.
Ese
mundo es la Naturaleza. Pues la Naturaleza es el
mundo. Nos
rodea y está en nosotros y es nosotros. Quien transita por sus
escondidas sendas conoce el auténtico valor de las cosas. Quien
lo hace
con los ojos bien abiertos descubre a cada paso maravillas.
Esta
exposición de fotografías de Antonio Arenal
Cano que exhibimos en fotoAleph
consigue transmitir mediante el lenguaje de las imágenes esas
sensaciones que las palabras no logran expresar: el inmenso disfrute de
sumergirse en plena Naturaleza, lejos de los caminos trillados, y
hacerse y sentirse uno con ella.
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En esta nueva
exposición de fotografías, temáticamente centrada
en la Naturaleza, Antonio Arenal Cano sigue recorriendo –silencioso el
paso, atenta la mirada– los remotos y apenas transitados caminos que
surcan los campos, montes y bosques de su entorno natural, lejos del
bullicio de la civilización, para captar con su cámara
las pequeñas maravillas que se esconden en el silencio de sus
frondas y vericuetos.
El
autor va más allá de la mera
plasmación fotográfica de fauna, flora y paisaje. Sabe
componer sus imágenes con visión pictórica,
jugando con las luces, los colores y las formas para intentar
reproducir –y ciertamente lo logra– la atmósfera que envuelve
con su hálito poético estos incógnitos parajes. No
se olvida, por añadidura, de incluir en la muestra algunos
interesantes apuntes de carácter arqueológico y
etnográfico.
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Hay
fotógrafos –Antonio Arenal
Cano
es uno de ellos– que conciben la fotografía no como una simple
reproducción mimética de la realidad, sino como un
instrumento para
poder transfigurarla. Saben cómo ir más allá de
las meras apariencias.
Es entonces cuando la fotografía se convierte en un arte, en un
medio
de expresión visual que apela a nuestra sensibilidad
estética y nos
propone nuevas formas de mirar el mundo.
De
entre los géneros fotográficos, el
paisaje es quizá el que más se
acerca al arte de la pintura. El número de colores que contiene
la
paleta de la Naturaleza es infinito. Su potencial pictórico
admite
todas las composiciones, todos los enfoques, incluso los más
inesperados e inverosímiles.
Sabiamente captada, la Naturaleza nos transmite magia,
misterio,
poesía. Y compite en belleza con la mejor pintura impresionista.
En sus pinceladas, hechas de bosques y nieblas, de flores y musgos, de
arroyos y
roquedos, pueden percibirse ecos de Monet, de Gauguin, de Seurat, de
Pissarro o de Cézanne.
Le
invitamos a contemplar, para recreo de sus ojos, una
muestra del trabajo 'fotográfico-pictórico' de este
excelente autor.
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