NEPAL. Increíble pero real
Fotografías: Eduard Bragulat
Aunque
ha dejado de ser una monarquía para convertirse en una
república, Nepal continúa siendo el reino de lo
increíble. Visitar este país es trasladarse en la
máquina del tiempo a un mundo suspendido entre la tierra y el
cielo, por el que parece no transcurrir la historia.
Allí se elevan las cumbres más altas del
planeta, pero Nepal no sólo es el Himalaya. El hinduismo y el
budismo conviven desde hace siglos sin conflicto, y juntos han creado
una irreal arquitectura de palacios y pagodas, cuyos gráciles
tejados de madera se superponen unos a otros ascendiendo como
peldaños hacia el cielo. Los ojos de Buda nos contemplan desde
lo alto de los stupas. Siva y
Parvati nos dan la bienvenida desde las
ventanas de los templos.
Las calles de Katmandú siguen bullendo de artesanos
y santones, de barberos y peregrinos, de mercaderes de especias y
encantadores de serpientes. Los macacos se pasean entre la multitud. La
gente practica sus baños rituales en los estanques sagrados. En
miles de capillas y altares los devotos siguen depositando sus ofrendas
a los dioses. Y los difuntos siguen siendo incinerados en las orillas
de los ríos. Más
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