Cada
ciertos años, una convulsión popular sacude Birmania
(Myanmar) para
protestar contra la dictadura militar que el país padece desde
1962.
Los birmanos inundan las calles y alzan su voz para reclamar libertad y
democracia. Ponen en práctica la no-violencia activa que
aprendieron de
Buda y de Gandhi, plantando cara sin armas a las armas de sus
opresores, en una desigual batalla.
Los birmanos se mueven, y nos piden a los países
libres que nos
movamos para romper el muro impuesto de incomunicación, para
denunciar
la represión del ejército sobre los opositores al
régimen, para saber
que no están solos en la lucha.
Teniendo a la vista las atroces imágenes de la
actualidad de Myanmar que nos llegan por los media, la presente
exposición de Albert Sorigue
quiere ofrecer un contrapunto, mostrando cómo es, de normal, el
día a
día (desde dentro de sus casas, sus escuelas, mercados,
talleres,
pagodas, monasterios...) de los pacíficos habitantes de este
poco
conocido y extraordinario país, cerrado al mundo por
imposición de sus
dirigentes. Más
información
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