Hacia
el año 512 a C el rey Darío I el Grande emprendió
la construcción de este masivo complejo palaciego, ampliado
posteriormente
por su hijo Jerjes I y su nieto Artajerjes I. Enclavada en una
región
remota y montañosa, la ciudadela de Persepolis mantuvo la
función
de capital ceremonial de la dinastía aqueménida, donde se
celebraban las fiestas de Año Nuevo. En el 330 a C, Alejandro
Magno
ocupó y saqueó Persepolis, incendiando el Palacio de
Jerjes,
para simbolizar el fin de la guerra panhelénica de revancha
hacia
los persas. Hoy en día, las majestuosas ruinas de Persepolis,
crisol
de estilos mesopotámico, egipcio y griego, testifican el
esplendor
que llegó a alcanzar el Imperio Persa aqueménida, el
más
poderoso y extenso de su época.
Persepolis (Irán) fue declarado Patrimonio de la
Humanidad por la UNESCO en 1979.
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