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  CAPADOCIA
  La tierra de los prodigios
Capadocia. La tierra de los prodigios
  
   Hay tierras en este planeta que no parecen de este planeta, sino los escenarios de un sueño o de un film de ciencia-ficción, y una de ellas es la región de Capadocia, en el corazón de Turquía.
   En la Capadocia la naturaleza compite con la arquitectura de Gaudí, la pintura surrealista y la literatura fantástica, para darles cien vueltas. Chimeneas de hadas, hongos gigantes, cuevas artificiales, cabañas de brujas, ciudades subterráneas, laberintos en piedra... configuran los paisajes de este mundo inverosímil.
   Capadocia es también el lugar donde con más intensidad se dio el fenómeno del eremitismo troglodita en la Edad Media, y que cuenta con la mayor concentración de edificios de arquitectura rupestre del mundo.
   Capadocia es una droga natural, una potente sustancia psicodélica elaborada con lava, nieve, agua y viento, que provoca alucinaciones en quien la visita. Usted mismo puede comprobarlo.
   156 fotografías on line de Sara Aguirre, Eneko Pastor y Angel Salaberri
Indice de textos 
El paisaje del que están hechos los sueños
Dos recuerdos
Capadocia. Breve historia
Una selección de lugares
Indices de fotos
Indice general
  
Cuando la naturaleza esculpe
Indice 01  |  Indice 02  |  Indice 03  |  Indice 04
  
Cuando la naturaleza es esculpida
Indice 05  |  Indice 06  |  Indice 07  |  Indice 08
  
Viaje de invierno
Indice 09  |  Indice 10
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TURQUIA CLASICA. Arte grecorromano en Oriente
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El paisaje del que están hechos los sueños
 

   Vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño.
   Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto...

                                                                             (Jorge Luis Borges, extractos de El Aleph)




   Vi una región de la antigua Anatolia cuyos paisajes parecían los escenarios del país de la fantasía.
   Un volcán se erguía en el horizonte. La lluvia, la nieve y el viento habían esculpido los montes y cerros para transformarlos en gigantescas esculturas.
   Los hombres habían tallado también esos riscos, convirtiéndolos en iglesias y monasterios. Y perforado la roca del suelo con túneles laberínticos para refugiarse en ciudades subterráneas.  
   La escultura era arquitectura. La arquitectura era escultura. Y ambas eran indisociables de la naturaleza.
   Vi la tierra que antaño llamaron Capadocia, compuesta de la materia de la que están hechos los sueños.


  
   Los fantásticos paisajes de la región de Turquía que antiguamente se llamaba Capadocia son el resultado de un capricho orogénico, en el que han tomado parte la poderosa acción de los volcanes, la lluvia y el tiempo.
   La gruesa capa de sedimentos volcánicos (lavas solidificadas y cenizas apelmazadas) que conforma la corteza del suelo de Capadocia ha sufrido durante eras la feroz erosión de los elementos atmosféricos de la meseta anatolia, creando poco a poco un irreal decorado poblado de formaciones pétreas inverosímiles, más propias del mundo de los sueños que del real.
Capadocia   A su vez, los hombres han intervenido para atormentar aún más estos paisajes, horadando sus entrañas para esculpir iglesias y monasterios, acribillando de túneles las paredes y suelos de roca para construir laberínticas ciudades subterráneas. La arquitectura rupestre alcanza en la Capadocia su apoteosis.
   En el horizonte, como telón de fondo, se yergue la mole sombría del volcán Erciyes Dagi (Argeo en la antigüedad, de 3.917 m), todavía activo con pequeñas erupciones y responsable principal, junto al Hassan Dagi (3.268 m), de la singularidad de la geología capadocia. La blanda toba volcánica del suelo es modelada por los vientos y disuelta por las nieves y las aguas, interceptadas en su fluir por otras rocas más sólidas superpuestas, hasta crear un mundo feérico de bosques de agujas y chimeneas de las hadas, husos, cuernos, hongos, cúpulas, cabañas de brujas, y miles de formaciones tan extravagantes que sólo la imaginación de un Gaudí podría llegar a emular.
   
   "Detrás se elevaban lo que de lejos parecían dedos, picos rocosos, que tenían encima como un sombrero de roca más oscura, a veces con forma de capucha, otras de casquete casi plano, que sobresalía por delante y por detrás. Más adelante, los relieves eran menos puntiagudos, pero cada uno se veía horadado de oquedades como una colmena, hasta que se entendía que aquellas eran casas, o mejor, albergues de piedra donde habían sido excavadas unas cuevas".
   (Umberto Eco, Baudolino, cap. 29)
  
   Capadocia constituye uno de los más importantes conjuntos de habitáculos trogloditas del mundo. No sólo son viviendas, almacenes, establos y graneros los espacios que socavan el subsuelo, sino un buen número de complejos eremitorios y monásticos, de iglesias y conventos rupestres a los que a la maestría arquitectónica de sus estructuras talladas hay que unir la variedad y viveza de las pinturas murales que decoran los interiores, gran número de ellas todavía en un aceptable estado de conservación y cuyo conjunto convierte a la Capadocia en un enclave fundamental para la apreciación del arte bizantino.
Capadocia   Las iglesias rupestres remedaban los edificios religiosos construidos en sillares o ladrillos. Todos las soluciones arquitectónicas que se dan en Anatolia durante la era bizantina aparecen traducidas a la roca, con aportaciones estructurales provenientes de la Armenia y Siria cristianas, entre ellas un tipo de nave con bóveda de medio cañón y ábside de herradura, muy semejante al de las capillas paleocristianas perdidas en los montes de Bin Bir Kilise (‘Las Mil y Una Iglesias’), en la vecina Licaonia. Las tipologías se multiplican: iglesias de una, dos y tres naves, en cruz griega, de dos y más pisos, o de planta central con cúpula (como las iglesias armenias de Ani o Kars).
   A veces la corteza rocosa de las colinas se desploma, dejando ver en sección sus entrañas huecas, que son interiores de iglesias demediadas por el derrumbe, con las naves vaciadas en la toba cortadas longitudinalmente.
  
   En Capadocia, la naturaleza esculpe y es esculpida. Cuando le da por ser escultora, no hace distingos entre figurativo o abstracto, y deja empequeñecidas las obras de cualquier Giacometti, Oteiza o Henry Moore.
   Cuando la naturaleza es tomada como materia para ser esculpida, el resultado es un mundo onírico en el que las montañas están taladradas por dédalos de galerías, salas, pozos, escaleras.... Las chimeneas de las hadas son transformadas en santuarios, las ciudades crecen bajo tierra ramificándose por túneles sin fin.
   A la postre, la naturaleza tiene la última palabra. Con un ritmo lento pero inexorable, la gravedad y la erosión remodelan lo que la mano del hombre ha esculpido con tanto esfuerzo, derribando sin contemplaciones casas, iglesias y monasterios rupestres, o dejándolos a medio desplomar para que podamos ver sus frágiles interiores con sus muros recubiertos de frescos medievales.
   La Capadocia es un mundo mágico, en parte natural y en parte artificial, al mismo tiempo abierto al cielo y subterráneo. Un laberinto en el que hay que perderse para poder descubrir las joyas que esconde en sus recovecos y oquedades. Y quedar maravillado con el entorno paisajístico que arropa estos monumentos, con la extravagancia de sus formas orogénicas, la viveza de colorido y el aura de misterio con que las envuelven las doradas luces del atardecer, pues en la Capadocia el arte de los hombres es inseparable del arte de la naturaleza.
  
   Vaya aquí un recuerdo a Pier Paolo Pasolini, que supo aprovechar la belleza de los paisajes de Capadocia para convertirlos en la Cólquida, cuando en 1969 rodó en estos escenarios naturales su film 'Medea', con María Callas como protagonista.


 
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Dos recuerdos

   Dos recuerdos me vienen a la cabeza cuando pienso en aquellos días de marzo pasados en Capadocia.
   Uno es el paisaje nevado que se veía desde la habitación del hotel a las seis de la mañana. El otro es una pareja de italianos que buscaban una cueva en alquiler donde instalarse, con la intención de trabajar allí durante la temporada turística.
   El primer recuerdo tiene que ver con las fotografías aquí expuestas.
   El segundo recuerdo es inquietante. Resulta que en una conversación mezcla de inglés, español, turco, etc..., Mario, que así se llamaba el italiano, repitió en varias ocasiones las palabras “a la sazón”, creo que sin saber muy bien a qué se refería.
   La expresión quedó grabada en mi cerebro asociada a Capadocia; desde entonces trato de utilizarla yo también, y muchas veces lo hago, aunque no venga a cuento.
   
   Angel Salaberri
  
  

Indice de textos
 
  


  
Capadocia. Breve historia
 
   Capadocia es el nombre antiguo de la región de la península anatólica (actual Turquía) comprendida entre la Galacia al norte, los montes Taurus al sur, el Distrito de los Lagos al oeste y el río Eúfrates al este. Se cree que deriva del término 'Katpadukya' (= 'Tierra de bellos caballos'), pues los caballos de la región tenían fama desde que habían sido ofrecidos en obsequio al rey asirio Asurbanipal, y a los emperadores persas Dario y Jerjes. Hoy el topónimo de Capadocia se aplica a la comarca en torno al triángulo formado por las ciudades de Nevsehir, Kayseri y Nidge, que se caracteriza por las fantásticas formaciones litogénicas creadas a lo largo de los siglos por la erosión de las gruesas capas de ceniza y lava volcánica solidificadas que conforman su suelo.
Capadocia   Capadocia fue un país abierto a todos los vientos invasores. Sus más antiguos asentamientos se remontan al paleolítico, y también subsisten vestigios hititas, neo-hititas, asirios, persas, griegos y romanos, aunque la mayor parte de los monumentos que podemos admirar allí hoy en día daten de la época cristiana y sean de estilo bizantino.
   Hay registros arqueológicos del siglo VI a C, de cuando Capadocia era una satrapía persa y tenía templos zoroastrianos y una nobleza feudal iranizada. La región mantuvo ese carácter iranio hasta los tiempos de la ocupación romana.
   Alejandro Magno, en su reconquista del imperio persa, rodeó la Capadocia pero no penetró en ella, y este territorio persistió como una brecha rebelde abierta en el interior del nuevo imperio macedonio. Fue su general Pérdicas quien en 322 a C sometió la zona, que se había convertido en refugio montañoso de muchos seguidores de Darío III. A la par que el imperio de Alejandro se desmembraba, Capadocia recobró la independencia, regida por una aristocracia irania y un linaje de reyes que, paradójicamente, acuñaban monedas griegas; este estado de cosas duró hasta la victoria de los romanos en Magnesia (190 a C).
   Cada cultura dejó impresas sus propias señas de identidad, y así podemos constatar que no toda la Capadocia es bizantina, cuando vemos cerca de Göreme, suspendido a media altura de un descomunal pitón rocoso, un inconfundible edificio romano excavado en la piedra (foto049), con su umbral de perfectas formas rectilíneas, con sus dos columnas toscanas de fachada que no sustentan entablamento alguno, sino que cuelgan como encoladas al dintel, al faltarles la casi totalidad de sus fustes. Capadocia había sido aliada y cliente de los romanos, y en esa época gozaba ya del rango de provincia de Roma.
   Capadocia se mantuvo fiel en su alianza con los romanos, a pesar de los ataques pónticos y armenios del siglo I a C. En el año 17 d C fue anexionada a Roma como provincia por Tiberio. Controlando los pasos estratégicos de los montes Taurus, Capadocia permaneció como un bastión del Imperio Romano de Oriente hasta el siglo XI.
  
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Monjes y trogloditas
  
   El horizonte abierto tras la conquista de Asia por Alejandro Magno "proporcionó a los viajeros una nueva libertad. Los monjes budistas de Asoka partieron en viajes misioneros desde la India hasta Siria, donde puede que estimularan la aparición de los primeros movimientos monásticos en la historia del Mediterráneo."
   (Robin Lane Fox, Alejandro Magno, conquistador del mundo)
   
 
   La antigua capital de Capadocia, Cesárea (actual Kayseri) se convirtió a partir del siglo III d C en un importante centro religioso de la cristiandad.
   Las más antiguas trazas de asentamientos monásticos en la Capadocia son del siglo IV d C. El movimiento monacal había sido impulsado en Anatolia por el obispo de Cesárea Basilio el Grande. Junto con él destacan en esta época otros teólogos de los llamados Padres Capadocios, como Gregorio de Nyssa y Gregorio Nacianceno.
   El fenómeno del eremitismo, que empezó a propagarse por Asia Menor durante ese lapso impreciso en el que el centro de gravedad del imperio estaba basculando de occidente a oriente, de Roma a Constantinopla, no es un fenómeno exclusivo de Capadocia, sino que se produjo en diversos países del Viejo Mundo. Las ciudades se abandonaban y contingentes de ciudadanos se desplazaban al campo, cambiando la forma de vida urbana por un modo de producción rural. Algunos de estos cristianos renuncian por completo a la vida social y se retiran a la soledad del desierto o de los montes, a vivir entre privaciones como eremitas o ascetas, "lejos del mundanal ruido", de modo muy similar a lo que hoy sucede en la India con los rishis o renunciantes.
   Tenemos ejemplos tempranos de este movimiento eremítico, o fuga mundi, en Palestina, en Egipto (como ocurrió en la llamada 'Tebaida', donde los ascetas se retiraban a vivir en cuevas artificiales que en algunos casos no eran sino antiguas tumbas abandonadas de la época faraónica alrededor de la antigua Tebas del Nilo, y entre los que hay que mentar un personaje como San Antonio, el de las tentaciones, cuyo ejemplo tuvo muchos seguidores) y en Siria (con Simeón y los estilitas, ascetas cuya renuncia consistía en pasar toda su vida en lo alto de una columna o stylé. ¿Recuerda usted 'Simón del desierto' de Luis Buñuel? No era surrealismo, era historia; las pruebas arqueológicas están en Qalat Samaan).
   Otros cristianos deciden vivir apartados de la sociedad pero agrupados y organizados en cenobios o monasterios, como monjes, practicando el celibato y dedicándose a la oración y a la vida contemplativa. Hacia el siglo VI d C empiezan a esculpirse las primeras iglesias cristianas en los paredones y chimeneas de hadas de Capadocia. Los rasgos formales de estos templos rupestres van evolucionando a lo largo de los siglos, de más sencillos a más complejos, pero siempre en paralelo a la evolución estilística de la arquitectura bizantina convencional. Lo que empezaron siendo simples cámaras de planta rectangular terminaron creciendo y complicándose hasta convertirse en 'catedrales' de tres naves columnadas y dos pisos, con vestíbulos, bóvedas, criptas, capillas anexas...
   Los enterramientos de los monjes se hacían en fosas rectangulares talladas en el mismo suelo rocoso de los monasterios y tapadas con losas.
   Parecidos ejemplos de concentraciones monacales tuvieron lugar en otras zonas de Turquía en el mismo periodo histórico, como puede verse en las agrestes montañas de Heracleia del Latmos, cerca de Mileto, o en la remota Bin Bir Kilise (las 'Mil y Una Iglesias') en la antigua región de Licaonia, cerca de Karaman.
  
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   La arquitectura rupestre de Capadocia es mundialmente célebre, pero es menos sabido que este fenómeno también se produjo en la Edad Media en otros países de Europa muy alejados entre sí, como Bulgaria (monasterio rupestre de Ivanovo), el sur de Italia y Sicilia (pongamos como ejemplo los sassi de Matera, en la región de Basilicata), Francia (celdas rupestres en los farallones del valle del Loira), y España (mencionaremos los poco conocidos eremitorios rupestres prerrománicos concentrados en torno al alto valle del Ebro, en las provincias de Cantabria, Burgos, La Rioja, Alava y Navarra, que no sólo son coetáneos de los de Capadocia, sino similares en muchos de sus elementos estructurales y estilísticos).
   A partir del siglo VII d C, como consecuencia de las cada vez más frecuentes incursiones árabes, los habitantes de Capadocia se agrupan en comunidades troglodíticas, más fáciles de defender. Los peñascos y chimeneas, los acantilados y farallones de los barrancos son cavados, socavados, con redes internas de galerías, cámaras, estancias, pozos, escaleras... que constituyen en conjunto auténticos termiteros humanos. Iglesias, capillas, monasterios con múltiples celdas son tallados, cincelados, perforados en la blanda roca volcánica.
Capadocia   Otras muchas ciudades son literalmente subterráneas, como Kaymakli o Derinkuyu: laberintos de túneles y galerías que se internan bajo el suelo de roca a varios niveles de profundidad, con solo una pequeña boca de salida al exterior, que quedaba inadvertida en medio de una llanura. En algunas de estas ciudades subterráneas podía refugiarse en caso de amenaza una población de hasta mil personas, con sus rebaños de reses y ovejas, que se abastecían de agua mediante un complejo sistema de cisternas y respiraban aire que circulaba por pozos de ventilación.
   El monacato en Capadocia llegó a su apogeo en la época iconoclasta (725-842 d C), tras la prohibición por el emperador bizantino León III el Isaurio de la adoración de iconos y las representaciones pictóricas o escultóricas de figuras humanas. Se distinguen perfectamente los edificios religiosos de este periodo por la austeridad de la decoración mural de sus interiores, a base de símbolos abstractos y geométricos (la cruz como elemento recurrente), superficies en tablero de ajedrez (foto072) o de formas lineales, utilización de pocos colores, llegando a la monocromía.
   Esto cambió tras la Restitución de las Imágenes (842 d C), produciéndose entonces una explosión de colores y formas que desarrolló una compleja iconografía basada en episodios y personajes de las Sagradas Escrituras cristianas. Las escenas aparecen encuadradas y distribuidas en registros (foto056), mientras que los medallones exhiben imágenes de santos venerados por los bizantinos (foto074). Las iglesias y pinturas destruidas en el periodo anterior fueron restauradas.
   La región fue ocupada por los turcos selyúcidas a partir de 1071, pero éstos no interfirieron en la religión y modos de vida de los cristianos. Así lo demuestran las iglesias del valle de Peristrema, que fueron decoradas con frescos de temas evangélicos hacia el siglo XIII. Más tarde, bajo los turcos otomanos, musulmanes y cristianos convivieron también en esta región sin grandes conflictos.
   No obstante, tras las invasiones selyúcida y otomana, los monasterios y eremitorios cristianos de la Capadocia fueron poco a poco desapareciendo y transformándose por la labor de los habitantes locales en viviendas, establos, palomares, molinos (foto093) o almacenes.
   Los selyúcidas construyeron en la Capadocia y a lo largo de la entera Anatolia numerosos caravasares o albergues para caravanas, a una jornada de distancia unos de otros, donde hacían etapas los mercaderes de la Ruta de la Seda con sus camellos.


 
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Una selección de lugares
 
   Las fotografías de esta colección de Capadocia han sido tomadas a finales de verano (septiembre) y a finales de invierno (marzo), en los valles de Göreme, Zelve e Ilhara, en los pueblos de Uchisar, Çavusin, Ortahisar y Selime y en los campos y bosques de chimeneas de las hadas de los contornos.

Capadocia  
Göreme
Fotos 050-056
     
   El recinto conocido como 'Museo al Aire Libre' de Göreme es un conjunto de diecisiete iglesias mayores y un gran número de pequeñas capillas rupestres excavadas en conos de toba volcánica en tiempos de la Alta Edad Media europea, muchas de las cuales conservan pinturas murales de la época. Para encontrar algunas de estas pinturas hay que internarse por largas y estrechas galerías llenas de oscuros recodos.
   Destacan la iglesia Oscura (Karanlik), la de Santa Bárbara, la iglesia de la Manzana, de la Serpiente, de las Sandalias... pero sobre todo la iglesia de la Hebilla, que contiene, vaciados en la roca, tres ábsides con planta de herradura, nártex (o vestíbulo), capilla lateral y cripta. Sus paredes están embellecidas con magníficos frescos del siglo X, de muy vivos colores, describiendo escenas del Nuevo Testamento.
   Se puede distinguir también dos monasterios, uno para hombres y otro para mujeres, en sendos peñascos acribillados de celdas, con sus despensas, refectorios y capillas.
   En los alrededores del recinto vallado del museo, por el laberinto de vaguadas que se abren paso entre las formaciones y pliegues que modelan las rocas volcánicas, hay un número incontable de iglesias y capillas excavadas en chimeneas de las hadas, muchas de ellas también con pinturas murales, sólo que en este caso están olvidadas y desprotegidas.
   Una de las iglesias abandonadas más impresionantes es la llamada 'iglesia escondida' (Al Nazar), con planta en forma de T, cuyos frescos del siglo XI, mostrando sobre todo medallones con santos, están considerados entre los más valiosos de la zona de Göreme (fotos 073 y 074). La acción de los vientos y la erosión del agua los van borrando inexorables.
   Una iglesia rupestre más escondida todavía, camuflada donde nadie lo adivinaría entre lo que parecen palomares, es calificada por los campesinos de las cercanías como la 'catedral'. Posee tres naves con un nártex delantero, gruesas columnas cuadradas talladas y un doble juego de pilastras sobre las columnas. Bóveda de medio cañón y ábside separado por columnas. Su estructura general recuerda a la de la iglesia mozárabe de San Miguel de Escalada, en España (León). En el ábside hay un trono y en medio de la nave central una estructura en forma de púlpito, si bien el conjunto es monolítico: una sola roca vaciada forma el continente, el hueco y los contenidos.
   Cartel leído en la puerta cerrada con rejas de una iglesia rupestre excavada en una chimenea de las hadas en mitad de un campo de matojos:
   'In restoration for a while'
  
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Capadocia 
Valle de Zelve
Fotos 057-069
     
   A la entrada del Valle de Zelve, una señal de tráfico no deja lugar a dudas sobre el peligro de desprendimientos de rocas.
   Se trata de un valle que se ramifica en tres brazos y está resguardado por un circo montañoso plagado de concreciones de toba en forma de grandes conos, ahuecados en su masa rocosa hasta crear una metrópolis con miles de celdas y habitáculos, intercomunicados entre sí por estrechos pasadizos y escaleras ocultas. En su origen fueron comunidades monásticas las que taladraron estas colinas, pero, tras un periodo de abandono, han sido habitadas por familias griegas hasta su desalojo en tiempos recientes.
   Los acantilados están horadados de cámaras, iglesias, bodegas y un gran monasterio, en el interior de un enorme cobijo natural enmarcado como por un gigantesco arco (foto064). Las celdas y estancias comunican entre sí a diversos niveles, por galerías, túneles, agujeros y escaleras. Al recorrer a tientas los oscuros pasadizos que taladran este monasterio por su interior, corre uno el peligro de caer en un pozo vertical de decenas de metros. Se trata de pozos perfectamente prismáticos cavados en la roca para conectar dos niveles yuxtapuestos; en dos de sus paredes opuestas muestran sendas filas verticales de agujeros tallados para poder trepar y destrepar apoyando en ellos los pies y las manos.
   Junto a algunas puertas se ven unas pesadas rocas talladas en forma de ruedas de molino. Colocadas en vertical y haciéndolas rodar, servían para cerrar y bloquear herméticamente la puerta en cuestión, refugiándose los habitantes del valle en el interior de la montaña en caso de invasiones.
   Al fondo del circo montañoso resulta evidente que el proceso de erosión continúa y que hoy mismo se van creando nuevas 'chimeneas de las hadas'.
  

 
Uchisar
Fotos 080-088
  
   El pueblo de Uchisar, en el centro de la Capadocia, eleva su caserío al pie de un afilado promontorio rocoso que domina la población, y se divisa desde todos los puntos de la comarca, por lo que constituye un buen polo de referencia para orientarse. El peñasco está totalmente taladrado de habitaciones troglodíticas, oscuras galerías y empinadas escaleras que conducen por su interior, ascendiendo por un dédalo excavado en roca, hasta la misma cúspide (foto080). Allí arriba se disfruta de una panorámica de 360º sobre toda la región.
   Los habitantes de Uchisar ya no pueblan esta ciudad subterránea, sino que viven en casas construidas en sillares de piedra de toba volcánica de color crema muy claro, con arcos que sostienen bóvedas apuntadas y ventanas recercadas con molduras, que les confieren un aire gótico. Los alminares de las mezquitas, afilados como misiles, descuellan por encima del caserío (foto083).
   El pueblo está prácticamente rodeado en las cercanías por un laberinto de barrancos y gargantas (foto087). El fondo de cada barranco está todo sembrado de huertas de calabazas, espárragos, melones y árboles frutales, y por él discurre el trazado de un arroyo seco de fondo de arena. Abundan las tortugas y algún erizo de tierra se pasea mordisqueando las matas. A veces se avanza por caminos, a veces por el cauce seco del arroyo. De cuando en cuando hay que atravesar túneles, excavados a partes iguales por el agua y por el hombre. La toba blanca, haciendo caprichosas ondulaciones, llega casi hasta los huertos, como una avalancha de nieve que se detuviera petrificada y suspendida a pocos metros del suelo (foto039).
   Un camino que lleva de pueblo a pueblo discurre a media altura de unas paredes verticales coronadas como de una capa de merengue blanco solidificado, que es en realidad toba volcánica. Escalerillas talladas en la toba (foto088) facilitan la subida por entre las ondulaciones y las chimeneas de hadas.
  

 
Çavusin
Fotos 089-093
     
   La parte vieja de Çavusin trepa por el interior de un circo rocoso natural totalmente horadado por un intrincado complejo de cámaras trogloditas, incluyendo algunas iglesias rupestres, y coronado por una fortaleza. La iglesia de San Juan Bautista, del siglo VIII d C, decorada con pinturas murales, es una de las más antiguas de la región y está en actual proceso de desmoronamiento (foto090).
   Un habitante de Çavusin nos cuenta que en 1961 hubo tres muertos cuando se derrumbó parte del promontorio, cayendo grandes masas rocosas sobre las casas del pueblo.
  

    
Ortahisar
Fotos 094-096
     
   En la bella aldea campesina de Ortahisar, cerca de Ürgüp, un castillo corona el peñón Sivrikaya (foto096), accesible sólo por los negros pasadizos escalonados de la ciudad rupestre que alberga en sus entrañas, y a cuyos pies se extiende el pueblo actual, construido al estilo tradicional de estas tierras.
   Desde este punto de vista privilegiado se divisa un panorama de 100 km a la redonda sobre el torturado paisaje de Capadocia, desgarrado por las profundas cicatrices de sus barrancos (foto094).
  
  
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Capadocia 
Valle de Ilhara
Fotos 045-048
     
   El valle de Ilhara o de Peristrema se abre a una treintena de kilómetros al sudoeste de Göreme, a desmano del núcleo central de chimeneas de las hadas y arquitectura rupestre de Capadocia.
   Se trata de un gran cañón, perforado en el terreno por el riachuelo Melendis, que discurre sinuoso y recortado entre verticales paredones rocosos de 90 m de caída desde el pueblo de Selime hasta el pueblo de Ilhara (foto045).
   Sus farallones laterales están horadados con un centenar de iglesias, capillas y monasterios rupestres, muchos de cuyos interiores lucen buenas pinturas murales de influencia siria (siglos IX al XIII), de colores muy intensos a pesar de los siglos transcurridos.
   En el fondo de la garganta crece una espesa vegetación favorecida por el clima templado del paraje.
  


Selime
Fotos 077-079
     
   En este pueblo y en su vecino Yaprakhisar (situados cerca de la boca del cañón de Peristrema) abundan las chimeneas de las hadas, algunas artificialmente talladas con buenos ejemplares de arquitectura religiosa rupestre (foto077).
   Destaquemos la 'Catedral' de Selime, de tipo basilical de tres naves con bóvedas de medio cañón separadas por columnas, con un ábside principal abovedado y dos ábsides laterales (foto079). Los frescos de las paredes, pintados en negro y naranja en época temprana, exhiben escenas de la vida de Cristo y retratos de santos.


   La región de Capadocia está clasificada como un bien cultural-natural en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde el año 1985, con el nombre de Parque Nacional de Göreme y enclaves rupestres de Capadocia.
  

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FotoCD63

CAPADOCIA
La tierra de los prodigios

Indice de textos 
El paisaje del que están hechos los sueños
Dos recuerdos
Capadocia. Breve historia
Una selección de lugares
Indices de fotos
Indice general
  
Cuando la naturaleza esculpe
(Las prodigiosas formaciones de origen volcánico de Capadocia)
Indice 01  |  Indice 02  |  Indice 03  |  Indice 04
  
Cuando la naturaleza es esculpida
(Arquitectura rupestre de Capadocia)
Indice 05  |  Indice 06  |  Indice 07  |  Indice 08
  
Viaje de invierno
(Capadocia en blanco y negro y bajo cero)
Indice 09  |  Indice 10
  
  
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PETRA
  
  
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INDIA RUPESTRE
Los comienzos del arte budista e hindú

  
India rupestre
 
   Arquitectura, escultura y pintura rupestres en la antigua India.
LALIBELA
Etiopía rupestre
  
Lalibela
  
   Las iglesias monolíticas de la Jerusalén de África.



LOS INCAS
Perú rupestre

  
Los incas
  
   Los numerosos vestigios, que pudiéramos calificar de 'arquitectura rupestre', diseminados por los territorios andinos de los incas del Perú.


    
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FotoCD63
  
CAPADOCIA

La tierra de los prodigios

© Sara Aguirre
© Angel Salaberri
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Fotografías: Sara Aguirre, Eneko Pastor y Angel Salaberri
Realizadas en Capadocia (Turquía)

   
 



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