"A orilla misma del
mar
existían unas densas e inextricables asociaciones vegetales, que
en español se llaman manglares. Estos árboles, de
diversas especies, hunden sus raíces en el fango del litoral,
quedan al aire en la baja marea y sumergidos en la pleamar. Tales
bosques, adaptados a vivir en un suelo fangoso, siempre húmedo y
salino, y periódicamente anegado por el mar, muestran
sólo su follaje, y, al bajar la marea, una espesura de ramas y
de raíces."
(Pío Baroja,
'Los pilotos de altura')
El río Casamance fluye lentamente por las llanas
tierras de la región homónima, formando meandros ('bolongs')
que se ramifican sinuosos en todas
direcciones hasta crear un auténtico laberinto. Cuando sube la
marea, el mar inunda estos territorios, y sus aguas salobres propician
el crecimiento de una tupida vegetación de mangles, un
paraíso para las aves y los crustáceos.
Al bajar la marea, se descubren millones de
pequeñas ostras adheridas a sus raíces: las llamadas
ostras de manglar, muy apreciadas en la gastronomía senegalesa.
(Affiniam,
Casamance) |