En la Casa de los Esclavos de Gorea
se pueden diferenciar las mazmorras donde encarcelaban a
los varones adultos de aquéllas donde encerraban a las mujeres o
a los niños, siendo las familias desmembradas sin la más
mínima consideración humanitaria, tratadas como mero
ganado.
La
casa, que no es muy grande, podía almacenar
entre 150 y 200 esclavos. Las celdas reservadas a los hombres
medían 2,60 x 2,60 m, y en cada una de ellas se amontonaban de
quince a veinte individuos sentados de espaldas a la pared, con cadenas
ceñidas al cuello y a los brazos, a su vez lastradas por una
gruesa bola de hierro.
La
celda para los niños era una estrecha
galería donde se acostaba a los pequeños en el suelo
apretados entre sí como en una lata de sardinas. El
índice de mortandad era muy elevado entre ellos.
Las
chicas jóvenes estaban más cotizadas que
las mujeres, por lo que eran encerradas en una celda aparte.
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