La
fotografía es un arma cargada de poesía. El
fotógrafo apunta, dispara, y con sus fogonazos de luz captura
imágenes al vuelo. Esas instantáneas, escogidas y
encadenadas como los versos de una estrofa, se enriquecen a veces de
significados añadidos que van más allá de lo
estrictamente visual y entran en el ámbito de lo
metafórico.
Y es así cómo de la exploración
concienzuda de un bello rostro de mujer puede surgir un poema de amor,
lo que es en el fondo Variaciones
sobre Lita; de la epigrafía callejera, un poema
(sur)realista, que podríamos titular Muros y grafitos; de la
observación de los objetos cotidianos, un poema conceptual,
como A toda pastilla, lleno de
pequeños detalles que traen consigo inesperadas connotaciones.
Valgan estas tres exposiciones como una antología
de la sensibilidad visual de que hace gala en sus trabajos Alfonso Aguado,
fotógrafo y poeta. Más
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