Exposiciones fotográficas

España rupestre

Ciudades celtíberas rupestres

 

Tiermes
Espana rupestre

Fotos 01-14

   Este vasto yacimiento arqueológico está situado en un descampado al sur de la provincia de Soria, a 1.220 m de altitud. Nos hallamos ante las ruinas de una importante ciudad celtíbera que fue reurbanizada bajo la dominación romana.
   Además de los restos celtíberos y romanos, se han hallado en Tiermes diversos vestigios de la época visigoda, y aún sigue en pie en la zona alta la magnífica ermita románica de Santa María, datos indicadores de que hubo una continuidad en el poblamiento de la urbe hasta bien entrada la Edad Media. En el siglo XVI Tiermes ya no era más que una pequeña aldea casi desierta.
   La ciudad celtíbera, en su mayor parte de carácter rupestre, es decir, con cimientos, viviendas, calles, rampas, escalinatas y canalizaciones talladas –que no construidas– en la roca madre, se asentaba a distintos niveles sobre una gran plataforma de piedra arenisca que domina la llanura, reservando su zona más elevada para una acrópolis con función militar. El perímetro de este promontorio está cortado por abruptos acantilados, conformando el conjunto un sólido bastión en parte natural y en parte artificial (lo que lo romanos llamaban oppidum), que además tenía un solo punto de acceso para poder entrar al recinto. No lejos discurre por una hondonada el cauce del río Tiermes. Condiciones, como puede deducirse, muy idóneas para establecer en este enclave una fortificación con fines defensivos.
   Esta región, situada entre los ríos Duero y Tajo, estuvo ya poblada en tiempos prehistóricos por tribus dedicadas a la caza y el pastoreo, desarrollando una economía ganadera que se mantuvo activa en el transcurrir de los siglos.
   Tiermes (en su tiempo llamada Termes, y no Termancia, como la rebautizaron sin fundamento algunos estudiosos) aparece con frecuencia mencionada en textos de historiadores clásicos grecolatinos (Apiano, Diodoro, Tácito, Plinio...) referentes a las Guerras Celtibéricas, siendo descrita como un oppidum arévaco no sometido a Roma y que estaba estrechamente relacionado con Numancia, el principal oppidum de los seis que tenían los arévacos (grupo étnico celtíbero) en sus territorios.
Espana rupestre   Tiermes desempeñó, coaligada con Numancia y Uxama, un papel importante en las tres Guerras Celtibéricas, que a lo largo del siglo II a C enfrentaron a las milicias de la república de Roma con los indígenas celtíberos de Hispania que se resistían a ser conquistados, y que, tras la caída de Numancia en 133 a C, concluyeron con la incorporación de Celtiberia a los territorios de la Hispania romana. Los habitantes de Tiermes repelieron con éxito sucesivos ataques de los ejércitos romanos, como los comandados por Quinto Cecilio Metelo Macedónico en 142 a C y por su sucesor Quinto Pompeyo Aulo en 141 a C, hasta que sucumbió en 97 a C al asalto del procónsul Tito Didio, que, tras arrasar la ciudad, impuso a los termesinos desalojar la acrópolis y establecerse en el llano, con la obligación de no fortificarse.
Espana rupestre   A partir de entonces Tiermes fue sometida a pagar tributos, y se inició un proceso de romanización de sus habitantes. La ciudad experimentó una importante reordenación urbana, construyéndose un templo (dedicado a Mercurio) y otros monumentos públicos, y extendiendo su tejido urbano a la llanura, fuera del baluarte defensivo que había sido su núcleo original. Ya en la época del imperio romano, en tiempos de Tiberio (14-37 d C), la romanización de Tiermes había sido tan completa que recibió el rango de municipium y se concedió a los termesinos el estatus de ciudadanía romana. Su momento de máximo esplendor se produjo entre los siglos I y II d C.

  
   En el extremo occidental del promontorio donde se levanta la fortaleza arévaca, un corte en el macizo rocoso, a modo de desfiladero, es la entrada por la que se accede a la acrópolis, para lo cual hay que ascender por una rampa de 30 m de longitud que conduce a la cima (foto02). Hacia la mitad del pasillo se aprecian dos huecos laterales que sirvieron para empotrar las batientes de madera de una puerta.
   La distribución de las viviendas en la acrópolis y en el burgo arévaco está muy condicionada por el escalonamiento y las irregularidades de la superficie rocosa del promontorio. Muchas de las viviendas rupestres quedaron absorbidas por la muralla que se construyó en la época imperial. Estaban por lo general constituidas por dos plantas, con una gran cámara cuadrangular cavada en la roca en la planta baja (foto06), y solían tener dependencias anexas no rupestres apoyadas a la pared, como se deduce por la presencia de líneas de machinales en los muros de fachada para encajar vigas de techumbre. Disponían de hornacinas y poyos o bancos corridos adosados a las paredes. Las armas, utensilios y fragmentos de cerámica hallados por los arqueólogos entre los escombros de estas moradas han sido datados entre finales del siglo IV a C y el año 97 a C, fecha de la caída de Tiermes.
   Algunas de estas estancias rupestres estaban destinadas a cuerpos de guardia, como las que flanquean la llamada 'puerta del Sol', situada al sudeste (foto12). Desde esta puerta se despliega hacia el oeste un graderío rupestre de 70 m de longitud, adaptado a las ondulaciones del terreno, que recuerda a la cavea de un teatro (foto08). El graderío domina una explanada que pudo muy bien usarse para la celebración de reuniones, asambleas o espectáculos públicos.
   En la parte baja de la acrópolis, al sur, existe un túnel socavado a pico en la roca, de 105 m de largo y más de 2 m de altura, que traspasa el interior del acantilado paralelo a su pared. Cada 35 m está perforado en su bóveda por pozos de ventilación que comunican 10 m más arriba con la superficie, provistos de huecos en sus paredes para facilitar la bajada. Los estudiosos no se han puesto de acuerdo sobre la finalidad de este túnel: si fue un sistema defensivo, un acueducto o unas cloacas.
   Lo que es seguro es que Tiermes disponía de elaborados sistemas de provisión y canalización de aguas, como lo atestigua el acueducto que recorre a media ladera el perímetro del promontorio (foto01), con largos tramos excavados en la roca (foto03). Las aguas para su abastecimiento provendrían de las fuentes altas del río Pedro, situadas a 1.300 m de altura en la sierra de Pela.




Contrebia Leucade
Espana rupestre
Fotos 15-26

  Las ruinas de la antigua ciudad celtibérica llamada Contrebia Leucade (escrito también Leukade) constituyen uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de la Rioja, en el que la arquitectura y el urbanismo de carácter rupestre desempeñan un papel muy significativo. Se hallan en un despoblado a orillas del río Alhama, allá donde el río traza un amplio meandro, no lejos del pueblo de Inestrillas. 
   El accidentado relieve de este paraje favoreció su elección para construir un oppidum o poblado fortificado, que se levantaba sobre dos montes separados por una vaguada. Gran parte de su perímetro estaba protegido por escarpados acantilados de gran altura que caen en picado sobre la ribera del río, lo que facilitaba la defensa del lugar frente a posibles enemigos. El resto estaba defendido con murallas y fosos. El lugar era muy estratégico, pues estaba situado en el corredor de comunicación entre el valle del Ebro y la meseta castellana.
   Poco se sabe de los orígenes de Contrebia Leucade. Los restos más antiguos detectados en la Cueva de los Lagos –una cueva-sima natural situada dentro del recinto, cuyo extremo más profundo está inundado con pequeñas lagunas, y que fue utilizada como lugar de enterramientos– se remontan a finales de la Edad de Bronce. En la Edad de Hierro temprana ya había asentamientos humanos de proveniencia céltica en el promontorio más occidental. Fue en la época celtibérica cuando un pueblo conocido como pelendones amplió el asentamiento construyendo –y tallando en la roca– el oppidum fortificado. Hacia el 300 a C se instalaron en el lugar nuevos grupos de población celtíbera, esta vez arévacos. Durante el siglo II a C, Contrebia Leucade, que tenía fama de ser una ciudad inexpugnable, tomó parte activa en las Guerras Celtibéricas hasta que sucumbió, no sin oponer tenaz resistencia, a los ejércitos de la Roma republicana. Tras conquistarla, los romanos ocuparon la ciudad, la reurbanizaron y la reforzaron con una gran muralla jalonada de torreones para sustituir la muralla celtibérica, que había sido destruida. El escritor latino Tito Livio menciona la ciudad de Contrebia Leucade al narrar la guerras civiles entre Sertorio y Sila durante el siglo I a C, conocidas como Guerras Sertorianas. En el siglo VII se instalaron en la urbe pobladores de origen visigodo. En el siglo IX, tras dos mil años de historia, Contrebia Leucade fue abandonada.
Espana rupestre   
   Contrebia Leucade disponía de un doble sistema de defensas amuralladas, con una muralla externa a pie de valle y una interna que protegía la parte alta de la ciudad. Esta última muralla es en parte rupestre (foto15). Sus lienzos superiores están construidos en sillería, pero la parte baja está tallada a pico para crear un muro vertical de roca y al mismo tiempo excavar en el suelo un enorme foso de 700 m de largo, de 7 a 9 m de ancho y 8 m de profundidad que circunda en todo su perímetro el promontorio donde se asentaba la ciudad alta. Este impresionante foso, el más grande que existe de la época celtibérica, no es horizontal, sino que asciende por una ladera de la colina, la rodea por su parte más elevada, y desciende en fuerte pendiente por la ladera opuesta.
   Aparte de las murallas, las partes mejor conservadas de las ruinas de Contrebia Leucade, que están todavía en proceso de excavación, son precisamente las estructuras que se edificaron con técnica rupestre, habiendo prácticamente desaparecido las realizadas en sillar o madera. Así podemos ver varias calles, escalonadas en terrazas, cuyas viviendas están excavadas como cuevas,adyacentes y dejando entre sí un delgado muro de separación, en la piedra arenisca de los roquedales del monte (foto17 y siguientes). Los componentes rupestres de estas viviendas, que tenían estancias anexas de sillar, madera y tejas, se distribuyen por lo general en dos cámaras rectangulares, una haciendo de vestíbulo y la otra socavada en lo más profundo de la roca, comunicadas por una puerta. A veces los techos están labrados formando un ángulo (foto23), que imitaban los tejados a dos aguas de los edificios construidos en el exterior de la cueva.
   La mayoría de las viviendas dispone de aljibes y pequeñas cisternas ahuecadas en el suelo para recoger el agua de lluvia. En las calzadas de las calles se aprecian ranuras y canaletas que descienden por la pendiente de la roca y servirían como sistema de desagüe (foto25). Se ven también tramos con escaleras talladas, comunicando los distintos niveles de las terrazas (foto24).
   Para garantizarse el abastecimiento de agua y no depender del exterior en caso de un largo asedio, los habitantes de Contrebia Leucade perforaron en el subsuelo dos largos y profundos túneles que comunicaban el interior de la ciudad con la capa freática del río Alhama. Al pie del acantilado se puede ver la salida de uno de ellos. El otro túnel tiene una entrada en forma de pozo abierto en el suelo, al que se accede desde la ciudad a través de una escalera labrada en roca y, en parte, abovedada. Existe también un sistema colector de aguas fecales, unas cloacas parcialmente visibles construidas con losas de gran tamaño.




Edificios rupestres altomedievales

   Otros hay, siguió Dios, reanudando lentamente la conversación, que se retiran a descampados agrestes y hacen, en grutas y cavernas, en compañía de animales, vida solitaria, otros que se dejan emparedar, otros que suben a altas columnas y allí viven años y años seguidos.
   José Saramago. El Evangelio según Jesucristo

 

Espana rupestreSanta María de Valverde (Cantabria)

Fotos 2728 y 29

   La iglesia de Santa María de Valverde es uno de los santuarios rupestres de mayores dimensiones de España, y hoy en día continúa en culto. Está socavada en el interior de un promontorio rocoso sobre el que se levanta una gran espadaña exenta. La iglesia ha sufrido diversas modificaciones a lo largo de los siglos, como ampliaciones y reestructuraciones de sus espacios internos. 
   De hecho, en origen se trataba de dos iglesias yuxtapuestas, una con un ábside semicircular de cabecera, donde ahora se ubica una pila bautismal, y otra con tres cabeceras rectangulares. Con el tiempo se conectaron las dos iglesias suprimiendo su muro de separación para transformarlas en una. Se cambió la orientación, que antes era en dirección este-oeste y ahora es norte-sur, y la iglesia quedó en su conjunto dividida en dos naves separadas por arcos sobre pilares cuadrangulares. Los arcos, aunque de trazado irregular, tienden a ser de medio punto o ligeramente de herradura.
   Tanto en el interior como en el exterior hay sepulturas antropomorfas excavadas en la roca del suelo.



   
Campo de Ebro (Cantabria)

Fotos 30 y 31

  Un peñasco rocoso en medio de este pequeño pueblo, junto al que se edificó la actual iglesia parroquial, esconde en sus entrañas una iglesia rupestre.
   Al exterior solo presenta una puerta construida en sillares tapiando el vano rupestre y tres ventanas perforadas mediante talla, con ranuras vierteaguas sobre sus vanos. El interior es de una sola nave, bastante amplia y alargada, con bóveda irregular ligeramente curvada y cabecera de planta trapezoidal, separada de la nave por un arco de medio punto y dos escalones de acceso.
Espana rupestre   La labor de talla del interior es muy rústica, apreciándose claramente las huellas de los cinceles. Parece haber experimentado diversas reformas y ampliaciones en épocas dispares. Se desconoce la advocación de esta iglesia, que hoy en día está cerrada y abandonada.


   
   
Cadalso (Cantabria)

Foto32

   La iglesia rupestre de Cadalso es –junto con la de Santa María de Valverde– una de las más antiguas iglesias de España que se mantienen aún en culto. Está consagrada a la Virgen del Carmen.
   Preceptivamente orientada de este a oeste, la iglesia fue tallada en el interior de un peñasco, y es de muy modestas dimensiones. Una puerta de arco de medio punto, probablemente remodelado en época posterior, da acceso a una nave abovedada de planta rectangular que conecta con una cabecera a un nivel ligeramente más elevado y enmarcada en un arco de triunfo.
   El muro de fachada está cincelado para formar una pared lisa y vertical, con ranuras vierteaguas y elementos tallados que parecen sugerir que el edificio tuvo un anexo no rupestre, posiblemente un porche. Los dos ventanucos que iluminan el interior, uno redondo y otro con vano rectangular horizontal, parecen haber sido también retallados en época más tardía. En lo alto del peñasco se abren varias sepulturas, una de ellas antropomorfa.

 




Arroyuelos (Cantabria)

Fotos 40 y 41

  La iglesia rupestre de Arroyuelos, perteneciente al ayuntamiento de Valderredible, está también excavada en el interior de una peña, que se levanta en un descampado un poco lejos del pueblo. Contrasta la sobriedad de su exterior con la complejidad de su interior, estructurado en dos pisos.
Espana rupestre   Se accede al interior por un túnel perforado en un grueso muro externo sobre el que descansa una tribuna. La planta de la nave es un cuadrado irregular. Casi en medio de la nave, un poco desplazado hacia el norte, se levanta un pilar rupestre cuadrangular, que se ramifica en lo alto formando cuatro arcos que se funden en el techo abovedado. Esta disposición recuerda a la de la iglesia mozárabe de San Baudelio de Berlanga (Soria), construida ésta en sillares sobre la cueva en la que vivió un anacoreta. 
   La cabecera está separada de la nave por un arco triunfal de herradura de gran altura (foto41). La planta del ábside de la cabecera, cubierto con una bóveda de horno, es también de herradura. Este ábside, así como los restantes muros de la nave, están dotados al nivel del suelo de un poyo o bancada corrida. Las cabeceras con planta interior de herradura son frecuentes tanto en la arquitectura rupestre como en la arquitectura de obra de los estilos visigodo y mozárabe, aunque parece ser que la planta en herradura tiene un origen más antiguo: existen ejemplos en la península de villas tardorromanas e iglesias paleocristianas con este rasgo estilístico.
Espana rupestre   Por unas escaleras se puede ascender al piso superior, formado por una tribuna horadada en el muro externo e iluminada por una ventana, y una cámara en el ángulo noroeste de la nave, actualmente colgada y sin acceso directo. Alrededor de la iglesia se pueden observar, aunque muy deterioradas, varias sepulturas rupestres.




Las Presillas de Bricia (Burgos)

Foto42 y siguientes

  Aunque cercana a la anterior, la iglesia rupestre de Las Presillas de Bricia pertenece administrativamente a la provincia de Burgos. Forma parte de un complejo rupestre eremítico compuesto de varias cuevas artificiales, de las que se pueden encontrar algunas en el mismo pueblo, colgadas de la pared rocosa y actualmente sin acceso.
   A cierta distancia del pueblo emerge en un descampado una gran mole de piedra arenisca, en cuyas entrañas está excavada la iglesia de San Miguel. Aunque abandonado, semiderruido y en proceso irreversible de deterioro debido a la erosión de las areniscas, aún se pueden apreciar las grandes dimensiones de este santuario, articulado en dos niveles de altura. Las dos protuberancias naturales que coronan la peña se asemejan a torres.
   La iglesia tiene un sobrepiso de tribunas dispuestas en la parte norte del templo. Éste está distribuido en tres naves, de corta longitud pero de gran altura, con sus correspondientes cabeceras, separadas por arcos que se apoyan en dos pilares cuadradangulares muy erosionados.
   Las tres cabeceras presentan sendos altares de bloque sobresaliendo de las paredes de fondo de los ábsides y enmarcados en arcosolios, así como hornacinas para reliquias (foto46). Están intercomunicadas por dos pequeños arcos de medio punto adosados a media altura de los pilares.



Espana rupestre
El Tobazo (Villaescusa de Ebro, Cantabria)

Foto33 y siguientes

   Situado a gran altura, en medio de un circo natural de acantilados calizos cerca del pueblo de Villaescusa, que domina el cauce del alto Ebro, se produce un curioso fenómeno geológico consistente en un afloramiento de toba, una roca calcárea de color gris blanquecino, que ha sido modelada por las aguas provenientes de una surgencia para crear una cascada de formaciones estalactíticas parecidas a las que se dan en las profundidades de las cavernas, pero en este caso al aire libre (foto34). Este singular paraje, de una belleza irreal, casi onírica, es conocido como El Tobazo. 

   Junto a este afloramiento y cerca del manantial, se abre en una pared rocosa una serie de cuevas naturales que han sido relabradas por la mano del hombre para convertirlas en celdas de eremitas, aglutinadas en torno a una pequeña iglesia rupestre.
   Tanto las celdas como la iglesia son de planta y alzados muy irregulares (foto39). Este hecho es debido a los accidentes geofísicos de las propias cavernas, que condicionaron en gran medida su adaptación a espacios habitables. La orientación, por ejemplo, no es la más adecuada, ya que las puertas dan al norte. Los techos, en lugar de estar cincelados para transformarlos en bóvedas, como es lo habitual en la arquitectura rupestre de la zona del alto Ebro, están conformados en algunos casos por las mismas estalactitas naturales.
   Se pueden ver grabadas en las paredes varias cruces latinas, y en los suelos algunas sepulturas.



Espana rupestre
Quecedo (Valdivieso, Burgos)

Foto49

  Un afilado cresterío de roca, cercano a los pueblos de Quecedo y Arroyo en el valle burgalés de Valdivieso, esconde, situadas a gran altura en una repisa natural de difícil acceso, las llamadas 'Cuevas de los Moros' (atribución popular que no se ajusta a la realidad histórica, pues fueron ejecutadas en la época de repoblación del norte peninsular). Se trata de una sucesión de 16 nichos rectangulares excavados en la pared rocosa del acantilado, yuxtapuestos en hilera, excepto dos que se superponen. Las bocas, que llevaban encima ranuras vierteaguas para evitar filtraciones de humedad, dan al sur-suroeste. Los techos son planos, curvándose hacia el fondo. La existencia de mechinales en la pared y de agujeros en el suelo parecen indicar que hubo construcciones no rupestres adosadas al muro y cubriendo las cavidades.
   Se desconoce la función de estos lóculos, aunque algunos indicios apuntan a que pudieron tener un carácter funerario. Lo que sí está claro es que era un lugar estratégico: desde estas alturas se domina todo el valle de Valdivieso, zona fronteriza en aquellos tiempos con la España musulmana.




Corro (Álava)

Foto50 y siguientes

   En la cuenca del río Omecillo, un afluente del Ebro que discurre por un verde valle de la provincia de Álava (País Vasco), existe una gran concentración de celdas y eremitorios rupestres altomedievales, concretamente en los lugares conocidos como Corro, Pinedo, Valpuesta, Valparaíso, Tobillas, Quejo y Angosto. 
   Las dos grutas artificiales de Corro, impropiamente llamadas 'cuevas de los moros', fueron socavadas en lo alto de un peñón y con el transcurso de los siglos fueron ampliadas y remodeladas hasta el punto de que resulta muy difícil imaginar sus estructuras primitivas.
Espana rupestre   La primera y más grande de las cuevas tiene dos puertas rectangulares que se abren al sudoeste, así como dos ventanas perforadas en el muro de fachada. Sus espacios interiores parecen indicar que se trataba en origen de dos cuevas adyacentes que acabaron por fusionarse en una al suprimirse parcialmente su muro de separación. Así lo sugieren no solo la presencia de las dos puertas y las dos ventanas mencionadas, sino el hecho de que su interior se articula a dos niveles. La puerta oeste muestra una cruz latina grabada en la jamba, lo que hace pensar que la cueva tuvo un uso religioso. Los techos son abovedados en medio cañón. En el suelo y las paredes se abren varias sepulturas con diferentes orientaciones, algunas de tipo bañera, otras en forma de nicho, y dos de ellas realzadas por arcosolios de medio punto separados por una pilastra. 
   La segunda cueva se abre a 15 m de la anterior. Aunque ha sufrido muchos deterioros y remodelaciones, se aprecia que fue en su día cuidadosamente tallada. Una puerta rectangular se abre al oeste bajo una protuberancia natural que hace de visera. El interior, dividido en sectores mediante molduras que corren por el techo y bajan por las paredes, está ocupado por un nutrido conjunto de sepulturas rupestres, cavadas en el suelo o elevadas y adosadas a los muros. Dos de ellas, adyacentes, están más elaboradas: cobijadas bajo bovedillas de horno, se aprecian los rebordes para encajar las tapas. Otras dos están enmarcadas bajo un arcosolio.




Pinedo (Álava)

Foto56 y siguientes

   En la Peña de Santiago, rodeada de un bosque de pinos, hay esculpida una compleja estructura rupestre de la que hasta hoy se desconoce su función. 
Espana rupestre   Dispone de dos amplias puertas orientadas al noroeste, separadas por un delgado pilar que hace de jamba común y resguardadas por una visera natural. El interior se distribuye en tres sectores de dimensiones más bien reducidas. El primero, al este, es de planta cuadrangular y cubierta plana. El sector intermedio es el más grande y tiene el techo en forma de cúpula delimitada por una ligera imposta. El sector occidental presenta un pavimento fuertemente escalonado cuyo nivel superior comunica por una puerta con una especie de balcón que conecta por un lado con una segunda cámara, rectangular y abovedada. Este balcón, hoy medio desplomado, estuvo en su época parapetado con una balaustrada de madera (foto58). En la parte más alta de este complejo hay perforado un estrecho agujero que llega hasta la cima de la peña y por el que se ve el cielo. En el suelo rocoso de la misma cima hay excavadas dos sepulturas.
   Por debajo de este complejo arquitectónico la peña acoge un gran abrigo natural de 30 m de largo en acentuado extraplomo, que debió ser aprovechado con algún fin, pues fue tallado en algunos tramos para ampliar el espacio disponible y en su pared se aprecian mechinales para adosar construcciones (foto59). En el suelo se ven las oquedades de tres sepulturas rupestres antropomorfas, en buen estado de conservación.




Valpuesta (Burgos)

Foto60

  En las cercanías de este histórico pueblo, situado en la cuenca del Omecillo pero perteneciente a la provincia de Burgos, existen al menos tres cuevas artificiales, aisladas entre sí y perdidas dos de ellas en medio de los campos. Son con toda probabilidad celdas eremíticas, aunque una de ellas pudo haber sido utilizada como iglesia.
   Las celdas son muy sencillas y están bastante degradadas por la erosión, los desplomes y la intervención humana. La mejor conservada está tallada en el interior de un peñasco con una visera natural que protege de las lluvias la puerta. Ésta es rectangular y todavía se distinguen en el umbral huellas para encajar o deslizar tablas. La celda es de planta curvilínea irregular y techo abovedado.
   Antiguos documentos que se remontan al siglo IX, de los que se conservaban copias del siglo XII en la colegiata de Santa María de Valpuesta –los Cartularios de Valpuesta, acreditados como los primeros documentos que contienen palabras en lengua castellana, anteriores incluso a las Glosas Emilianenses–, dejan constancia de la intensa actividad cenobítica que tuvo lugar en esta región.


   
Espana rupestre
San Martín de Valparaíso (Álava)

Fotos 61 y 62

  Valparaíso hace honor a su nombre, pues se trata de un idílico valle de extraordinaria belleza con bosques y praderas en las que confluyen dos arroyos, y delimitado parcialmente por un imponente acantilado rocoso con sus paredes fuertemente inclinadas en extraplomo. Un paraíso para el escalador y un paraje sumamente interesante para los arqueólogos. En las paredes del acantilado se detectan hileras de huecos o mechinales, algunos situados a gran altura, donde se empotrarían las vigas para adosar construcciones, que quedaban así cobijadas bajo el abrigo natural.
   Al pie y todo a lo largo del acantilado existen numerosas tumbas rupestres (foto62), casi pegadas a la pared, que forman en conjunto una auténtica necrópolis. En la misma pared se aprecian hoquedades artificiales a modo de nichos.


   
   
Laño (Condado de Treviño, Burgos)

Fotos 6364 y 65

  En el condado de Treviño, territorio perteneciente a la provincia de Burgos pero situado en medio de la provincia de Álava, existen al menos dos complejos rupestres altomedievales, Albaina y Laño, a los que hay que añadir otros enclavados en lugares colindantes al condado, pero ya en territorio alavés, como Faido, Urarte y Marquínez.
   Cerca del pequeño pueblo de Laño se extiende un valle por el que corre el río Borundia, flanqueado por dos cadenas montañosas de roca caliza y arenisca. En los farallones enfrentados de ambos montes, a uno y otro lado del río, hay excavados sendos conjuntos de edificios rupestres, compuestos de iglesias, capillas y celdas. Los grupos se conocen con los nombres de Santorcaria y Las Gobas. 
Espana rupestre   Parte de la corteza rocosa del acantilado de Santorcaria se ha desplomado, dejando ver en sección sus entrañas huecas, que es una iglesia de grandes dimensiones y complicada distribución, demediada por el derrumbe. Las bóvedas son redondeadas y rebajadas, y aparece el diseño de herradura en varios arcos, puertas, ventanas y en la planta de algunas celdas. En la roca del suelo hay excavadas gran número de sepulturas antropomorfas.
    Algunas de las celdas que forman parte de esta colonia eremítica están colgadas a media altura del acantilado y son inaccesibles, a no ser que se disponga de material de escalada y se efectúe desde la cima del peñasco un descenso en rappel utilizando cuerdas (foto63). ¿Y cómo se las arreglaban en su tiempo los eremitas para acceder a estas celdas? Es de suponer que utilizarían escalas de cuerda o de madera, pero lo que parece seguro es que estas celdas constituían un refugio inexpugnable para sus moradores, que quedaban a salvo de cualquier intento de asalto o saqueo en los convulsos siglos que siguieron a la invasión musulmana de la península.
   Observemos sobre la puerta y las ventanas de una de las celdas las dos gruesas ranuras vierteaguas, horizontales y paralelas, que rasgan la pared.
   En el grupo de Las Gobas, compuesto de cuatro celdas y dos iglesias, con inscripciones y grabados en sus muros, destaca la iglesia inferior, que, aunque cortada longitudinalmente por un derrumbe que ha hecho desaparecer el muro de fachada, aún permite adivinar la distribución completa de la planta, que estaba provista de ábside, contraábside y una capilla lateral, los tres en planta de herradura. La bóveda de la nave era de medio cañón, ritmada con molduras transversales a modo de arcos fajones. Una inscripción casi borrada en un muro posibilita calcular, por el tipo de letra empleado, la fecha aproximada de su ejecución, que serían los siglos VII-VIII.



Espana rupestre
Marquínez (Álava)

Foto66 y siguientes

   Este pequeño pueblo de Álava, inmerso en un atormentado paisaje rocoso, alberga un gran número de ejemplares de arquitectura rupestre.
   En el peñón roquero que se alza detrás de la iglesia parroquial, tallado en la pared de una cueva artificial llamada de Santa Leocadia, se ve un relieve figurativo, caso muy infrecuente en la arquitectura rupestre peninsular, en el que se distinguen dos figuras humanas muy esquemáticas y desproporcionadas, una a caballo portando algo parecido a un mazo y la otra de pie en actitud orante (foto66). Algunos estudiosos sugieren que son prehistóricas, pero hay quien dice que fueron esculpidas antes de la cristianización del lugar, en las postrimerías del Imperio Romano de Occidente; la figura montada a caballo sería una mujer, representando a Epona (diosa de los caballos).
   Al sur del pueblo discurren dos pequeños valles (El Bosque y Txarronda) que dan a parar al río (foto76). En las paredes rocosas de los márgenes hay horadadas numerosas grutas artificiales, sencillas, de planta rectangular, una de ellas provista de un poyo que recorre todo el perímetro interior.
   A un kilómetro al norte del pueblo, no lejos de la ermita románica de San Juan, se yergue una sucesión de peñascos verticales, de gran esbeltez y caprichosas formas (foto69), la mayoría de los cuales han sido trabajados con labor de talla para crear en su interior receptáculos habitables. El conjunto de estos riscos recuerda lejanamente a las chimeneas de hadas de la Capadocia.
   Es de destacar entre ellos la Peña del Castillo, llamada así porque en su cima hay construido un castillete de sillares (hoy muy arruinado), desde el que se domina todo el valle de Marquínez, y que tenía un indudable cometido estratégico. En la parte baja de la peña hay excavada una cueva artificial de complicada planta, cuyo suelo está casi totalmente ocupado por una cisterna rectangular (foto71). En el interior de esta cámara hay adosados a la pared una serie de peldaños y muescas que permiten ascender helicoidalmente, como si fuera una escalera de caracol, por el interior de la peña, para llegar, atravesando un hueco, a la parte superior donde se encuentra el castillo.



Espana rupestre
Arguedas (Navarra)

Fotos 7879 y 80

   Varios pueblos de Navarra pertenecientes o cercanos a la comarca de la Ribera (Andosilla, Azagra, San Adrián, Falces, Valtierra, Lerín, Cárcar, Lodosa...) poseen ejemplos de arquitectura rupestre. Por lo general son meros habitáculos, rectangulares y sin rasgos estilísticos definidos, popularmente llamados 'Cuevas de moros'. Su datación es incierta, así como su función. Los hay de la Alta Edad Media, pero la práctica de excavar cuevas artificiales perduró aquí hasta época moderna, para utilizarlas como viviendas, o también como establos, almacenes de aperos de labranza o bodegas para conservar vino.
   Las características geológicas de esta comarca han favorecido la proliferación de estas grutas artificiales. Sus cerros están formados por tierras sedimentarias, que en la era de los dinosaurios constituían el fondo del mar de Tetis, convertido hoy en la llanura del Ebro. Estas tierras están superpuestas en estratos horizontales, alternando capas de rocas duras con capas de rocas más blandas, arcillosas, que permiten una fácil labor de excavación. Los nativos aprovecharon esta configuración para socavar habitáculos en las capas blandas, utilizando los estratos de roca dura inmediatamente superior e inferior como techo y suelo de las estancias, que quedaban así más sólidamente constituidas.
   Por ello estas cuevas artificiales aparecen con frecuencia alineadas en hileras a distintas alturas, pues se distribuyen siguiendo el trazado natural de los estratos. Algunas de las cuevas se abren a gran altura y son actualmente inaccesibles.




Necrópolis

   La costumbre de inhumar a los difuntos en sepulturas rupestres viene de antiguo, como podemos constatar por las tumbas talladas en roca (Giza, Beni Hassan, Elefantina...) que han sobrevivido en el Egipto de la época de los faraones.
   En la Península Ibérica son innumerables las tumbas y necrópolis de factura rupestre excavadas en las rocas y peñascos salpicados por sus tierras. Por lo general fueron esculpidas en recintos sacros, en el interior o los aledaños de iglesias, ermitas y monasterios, como hemos podido ver que ocurre en los eremitorios altomedievales mostrados en esta exposición, pero también aparecen dispersas en despoblados, frecuentemente en lo alto de peñones rocosos en cuyas cercanías hay horadadas celdas eremíticas, como es el caso de la necrópolis de La Puente del Valle (Valderredible, Cantabria).
Espana rupestre   En este lugar, en un promontorio de arenisca (alto de San Pantaleón), existen tres pequeñas cavidades artificiales a modo de celdas (fotos 81 y 82) y, en lo alto, una necrópolis altomedieval con tumbas de tipo antropomorfo y de bañera excavadas en el suelo (foto83). Estos enterramientos fueron realizados en la época de la repoblación por los primeros repobladores que se asentaron en Valderredible hacia el siglo IX, una vez asegurada la estabilidad del territorio tras las invasiones musulmanas.
   En Duruelo de la Sierra (Urbión, Soria) podemos ver (fotos 84 y 85) otra necrópolis datada en los siglos IX y X, pero esta vez excavada en el suelo rocoso anexo a la iglesia de San Miguel Arcángel que, aunque reconstruida en los siglos XII y XVI, es de origen mozárabe, como lo revela la presencia de una ventana en arco de herradura. Las sepulturas son rectangulares o trapezoidales, pero las hay también antropomorfas, es decir, con forma humana: el extremo superior está redondeado para encajar en él la cabeza del difunto. En algunas se aprecia un rebaje en el contorno del sepulcro para ajustar con más precisión la tapa. Son de tamaño desigual, las más pequeñas para enterramientos infantiles. Iban cubiertas con losas de piedra, en su mayor parte desaparecidas, del mismo modo que han desaparecido todos los cuerpos allí enterrados, víctimas a lo largo de los siglos de los saqueadores de tumbas en su afán de expoliar los ajuares funerarios. 



Otros parajes con arquitectura rupestre en España

   Son tantas y tan diversas las obras de arquitectura rupestre existentes en la Península Ibérica que está lejos de nuestra intención exhibir un muestrario exhaustivo de las mismas, por lo que nos limitaremos a describir someramente unas pocas más.
   No todas están en el norte de la península. Mencionemos por su singularidad la iglesia rupestre de Bobastro, situada en un 'nido de águilas' inexpugnable de la sierra de Abdalagis (Málaga). Se atribuye su fundación a Omar ben Hafsun, un noble muladí (cristiano que abrazaba la fe islámica y vivía entre los musulmanes) que a finales del siglo IX encabezó una insurrección contra los califas de Córdoba. Su cuartel general estaba en Bobastro, que se convirtió en un reino cristiano independiente en medio del Al Andalus musulmán y durante cincuenta años resistió los ataques de los ejércitos califales. Finalmente, en 928, tras seis meses de asedio, la fortaleza rebelde se rindió a las tropas de Abderrahmán III.
   Además de los correspondientes a la Antigüedad y a la Alta Edad Media, hay en España gran cantidad de lugares que conservan otros ejemplares de arquitectura rupestre y habitáculos troglodíticos de épocas posteriores, desde los siglos del románico hasta nuestros días, algunos todavía en uso (véase Guadix o el Sacromonte de Granada).

Espana rupestre  
Ojo Guareña (Burgos)

Foto86

    Con sus más de 100 kilómetros de galerías, Ojo Guareña es uno de los complejos cavernarios más grandes de España, declarado Monumento Natural por el gobierno de Castilla y León en el año 1996. En una de sus múltiples bocas, a media altura de un acantilado perforado al pie por el río Guareña, que hunde sus aguas en un sumidero, se puede visitar una curiosa iglesia semi-rupestre de época barroca cuya fachada es de sillares, pero cuyo interior está acondicionado en un tramo de las galerías de esta inmensa cueva natural. Parte de estas galerías fue remodelada y ampliada mediante labor de talla para ajustarse a las necesidades litúrgicas. Las bóvedas y paredes de la iglesia están decoradas con pinturas murales dieciochescas de tema martirológico y estilo muy popular.



Ermita de San Saturio (Soria)

Fotos 87 y 88

  Construida sobre un peñasco a orillas del río Duero a su paso por la capital de Soria, se dice que la ermita de San Miguel de la Peña tiene un origen templario. Así parece sugerirlo la estructura octogonal del templo del siglo XVII que se yergue en su cima, rasgo éste característico de la arquitectura de la orden del Temple, que pretendía remedar las formas arquitectónicas del Santo Sepulcro de Jerusalén. Tengamos, sin embargo, en cuenta que la orden de los templarios había sido abolida en España tres siglos antes. 
   Lo cierto es que la iglesia se levanta sobre una cueva natural que abre su boca en la base del peñasco, y por la que hay que penetrar para acceder a su nave, ascendiendo por unas escaleras practicadas en sus túneles naturales. La tradición afirma que en esta cueva vivió el anacoreta visigodo San Saturio, santo patrono de la ciudad de Soria, cuyos restos reposan ahora en el altar mayor del templo.
   El espíritu de Antonio Machado todavía ronda por este lugar:

He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria —barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra—.
 
Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua, cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.

Antonio Machado. Campos de Soria




España rupestre

Bibliografía consultada

- Fontaine, Jacques. L'art préroman hispanique (Vol. II. L'art mozarabe. Zodiaque, 1977)
- Latxaga. Iglesias rupestres visigóticas en Álava (La Capadocia del País Vasco y el complejo rupestre más importante de Europa. Editorial La Gran Enciclopedia Vasca, 1976)
- Monreal Jimeno, Luis Alberto. Eremitorios rupestres altomedievales (Universidad de Deusto, 1989)
- Ortego, Teógenes. Tiermes. Ciudad rupestre celtíbero-romana (Ministerio de Cultura. Dirección General del Patrimonio Artístico, Archivos y Museos, 1980)

  

 

FotoCD133
   
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Fotografías: Eneko Pastor

 


   

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