Colecciones fotográficas

Una ciudad santa de la India

Hijos de la mar


   Pentakota, el barrio de pescadores de Puri, está bastante más desarrollado que hace algunos años, con las calles más o menos urbanizadas y fuentes públicas en algunos cruces. Las cabañas son en general de tejados de palmera a dos aguas y planta de una sola habitación, a veces de dos. Las estructuras son de estacas de madera y las paredes de hojas de palma trenzadas alternando con el ladrillo y el cemento. Para la iluminación utilizan pequeñas bombonas de gas. Muchas fachadas están decoradas con dibujos geométricos de color blanco que evocan estrellas o aves. Los zócalos están pintados con grecas blancas, que dan al lugar un aire como africano. Hay un templo en medio del pueblo, con su decoración popular de estatuas de leones guardianes y atlantes forzudos de vivos colores. En una plaza se levanta un mástil Puriinclinado, con una vela de embarcación desplegada a modo de toldo para proyectar una gran sombra a las horas en que el sol más abrasa. Bajo un quiosco el busto escultórico de un viejo pescador es honrado con una lápida: "To our beloved fisherman master...".
    Niños pequeños corren y juegan desnudos por todos los rincones, algunas niñas con ajorcas en los tobillos y cinturones de monedas rodeando sus vientres. Por el pavimento de tierra prensada de las calles hay depositados pucheros y bandejas de metal, y aletas de tiburón puestas a secar al sol. No hay tráfico de vehículos motorizados pero sí un continuo pulular de patos, pollitos y cerdos callejeando por todo el pueblo, y perros que nos ladran por ser forasteros. En mitad de una calleja yace el cadáver maloliente de un perro y nadie lo retira ni parece preocuparse. En ciertos solares hay estercoleros donde hozan cerdos de piel negra. Todo el ambiente está impregnado de un penetrante olor a pescado.
   Las puertas de las casas están abiertas. Al calor del mediodía las familias duermen, un anciano en su charpoy, la abuela tumbada en el suelo del atrio. Unas mujeres hurgan concienzudamente con los dedos en las cabezas de niños o niñas para quitarles los piojos. Un niño es bañado en una cubeta de plástico. En un tenderete de colorida decoración un altavoz emite a todo volumen una canción de película de Bollywood cuyo estribillo repite "Laxmi, touch me. Laxmi, touch me..." Nos aclaran que va a haber una boda.
    Hay entre las cabañas pequeños talleres de costureros, locales de lavado y planchado, tiendas donde venden redes y aperos de pesca y tiendecillas de comestibles. Una tienda de libros en venta o en alquiler (7 rupias/día, con 200 rupias de depósito), donde venden también shilloms. En el suelo de las pescaderías rompen a mazazos grandes bloques de hielo, para poder conservar el pescado en hielo picado.
   Hay también en el pueblo un bar de cervezas que se llama 'Beer Parlour', y un tugurio donde sirven té, café y otras bebidas como, por ejemplo, el bhang lassi, un batido de leche con bhang, que es como llaman a una pasta verde compuesta de hojas de cannabis maceradas en agua.
   En la playa están instalando largas barreras de paneles de bambú y palma para proteger al pueblo de la arena que arrastra el viento.
Puri   Al carecer de sistema de alcantarillado, el tramo de playa que linda con el pueblo de pescadores se utiliza como letrina de hombres. Éstos hacen sus necesidades acuclillados sobre la arena, a la vista de todo el mundo, a veces juntándose en pequeños grupos para charlar. A continuación, con el longhi remangado por encima de la cintura, se acercan a la orilla y se limpian con agua de mar, utilizando para ello solo la mano izquierda. Cuando sube la marea, las olas se encargan de limpiar las heces; mientras tanto hay que andar por la playa mirando bien dónde se pisa. Más intimidad tiene el aseo de las mujeres, que se halla en un recinto aparte vallado y arbolado. Cerca de allí, aislado en un bosque de coníferas, hay un edificio donde se enseña sánscrito para post-graduados.
   Mujeres, niñas y algunas ancianas de piel arrugada vienen desde muy lejos caminando por la playa. Una de ellas padece de elefantiasis en las dos piernas. Acarrean sobre la cabeza haces de troncos para usarlos de leña. Mantienen el equilibrio con los largos y pesados troncos en posición horizontal. Van con el sari recogido hasta la rodilla y portan en la mano un cuenco de latón lleno de agua que hace las funciones de papel higiénico. Hacen paradas cada ciertos tramos para descansar. En ocasiones nos piden ayuda para colocar la leña sobre sus cabezas, que sostienen sobre un pañuelo enrollado. Pasan también niños transportando cargas de un peso que parece imposible que puedan soportar.
    Sobre la arena, bajo las velas utilizadas como toldos parasoles, grupos de hombres sentados se dedican a reparar las redes de pesca (foto105). Utilizan un instrumento parecido a un huso que todos manejan con soltura, haciendo los nudos en los hilos de pita a la distancia adecuada para que la red quede con una retícula uniforme. Nos invitan a sentarnos con ellos; nos piden smoke.
   En el extremo oriental del pueblo la playa está desierta. Perduran varados en la arena unos pocos esqueletos de barcas de madera hace tiempo abandonadas. Las embarcaciones se hacen ahora de poliéster; las fabrican de una sola pieza, todas iguales, utilizando un molde, y las proveen de hélice de motor. Hace algunos años todavía se construían en madera unas curiosas barcas desmontables. Consistían en cuatro grandes troncos tallados con perfiles curvilíneos que se ensamblaban entre sí amarrándolos con sogas para componer una larga embarcación que podía montarse o desmontarse a conveniencia. Su ventaja era que permitía dividir por cuatro el peso de la barca a la hora de transportarla (foto086).



Rompiendo las olas
Puri
   Puri no tiene nada que se parezca a un puerto. Su contacto con el mar es a playa abierta, una playa rectilínea y kilométrica, sin bahías o refugios naturales, que recorre toda la línea costera de Orissa. Cuando no están navegando, las embarcaciones descansan varadas en el tramo de playa que da al pueblo de pescadores (foto082). El océano golpea sin descanso la costa con violentas olas, generando resacas y corrientes submarinas que hacen muy peligroso el baño.
   Por la mañana temprano los pescadores salen a faenar. Primero tienen que transportar las barcas al agua, lo que hacen colgándolas de dos troncos de bambú transversales que cargan sobre los hombros de dos grupos de ocho o diez pescadores. Ya en la orilla, atan concienzudamente las redes, velas, remos y mástiles al interior del casco, para no perderlos si la nave zozobra. Entre tres personas acarrean motores conectados con hélices por un largo tubo, que acoplan a la lancha.
   A continuación cada barca tiene que atravesar la barrera de las olas. Los hombres, de pie dentro del agua preparados para saltar a bordo, vigilan el ritmo del oleaje para calcular el momento propicio de lanzarse a romper la ola, llegado el cual empujan con todas sus fuerzas la nave con la proa enfilada rumbo al horizonte. Pero el ímpetu de las olas es tan avasallador que las barcas vuelcan con facilidad y tienen que hacer varias intentonas hasta lograr superar la zona de oleaje y entrar en una mar más calmada. Desatan entonces los remos, hincan verticales los mástiles, despliegan las velas y navegan en pos de un banco de peces al que echar las redes.
Puri   
   Hacia el mediodía empiezan a recoger las redes. Es un espectáculo ver regresar las barcas con las velas al viento salpicando el paisaje marino de triángulos centelleantes. Los pescadores aprovechan el impulso de las olas para 'surfear' con las naves, precipitándolas a gran velocidad contra la orilla hasta encallarlas, con bruscos encontronazos, en la arena. Luego tiran lentamente de las barcas con una sirga que se enrolla a un torniquete de arrastre (foto096) para dejarlas varadas fuera del alcance de las mareas. Niños y ancianos se apuntan a echar una mano para hacer girar el torniquete. Otras barcas son trasladadas a la zona de atraque a hombros de pescadores (foto093), que piden ayuda para compartir la pesada tarea a toda persona que pase cerca. Nos piden que arrimemos el hombro para transportar, junto a otras quince personas, una pesada barca de madera. Quedamos casi deslomados con el intento.
    No es mucha la pesca que trae cada barca. Los pescadores depositan los pescados en la arena distribuyéndolos en pequeños lotes recogidos en redecillas. Allí donde los dejan se forman corrillos de mujeres (foto098), que discuten con los pescadores el precio de compra. Un hombre vocea una retahíla de precios en cuantía descendente hasta que una mujer hace el gesto de tocar el lote, que le queda adjudicado al precio cantado en ese instante.
   Las piezas grandes son subastadas aparte. Hay congrios, peces manta, peces raya de una especie con bigotes, un pequeño tiburón, caballas, langostas, langostinos. A todas las mantas y rayas les sangra la cola, pues les ha sido extirpado el aguijón. Una mujer regatea ferozmente el precio de tres langostinos. El vendedor se los quita de las manos y los arroja airado a la arena. Ella los vuelve a coger y prosigue la discusión. Al final el vendedor se los lleva enfadado, mientras ella se ríe a sus espaldas. Por un enorme pez manta pagan 80 rupias. Pesará como 30 kilos y ordenan a una niña de unos catorce años que se lo lleve en una cesta. Entre cuatro mujeres no pueden subir la cesta a su cabeza y dos pescadores tienen que ayudar.
Puri   Otras mujeres llevan sobre la cabeza –apoyados sobre un paño enrollado que hace de almohadilla– bidones de hojalata conteniendo tortugas. En medio de la aglomeración andan chavales que venden dulces y pastas, y una vendedora de globos y chucherías que lleva expuestos en un madero (foto100). Unos niños vuelan cometas y otros juegan con barquitos que se confeccionan ellos mismos con un trozo de corcho blanco al que pinchan un palo con una pequeña vela de papel. Una mujer de rostro demacrado que lleva en brazos un bebé de pocos meses se acerca y nos dice que tiene diez hijos y que está a la espera de otro.
   Hace un fuerte viento y el mar está embravecido. Sobrevuelan aguiluchos y milanos, mientras las cornejas cenicientas hacen el servicio de limpieza llevándose al vuelo todos los desperdicios que pillan. Un ave rapaz de gran tamaño captura un cangrejo. Grupos de vacas se pasean solas por la playa. Por la arena corren cientos de los llamados 'cangrejos fantasma' (género Ocypode), de color pálido y ojos salientes, que cavan pequeños hoyos para refugiarse.
    A la sombra de las barcas varadas sestean algunos ancianos, en compañía de perros con la piel llagada de tanto rascarse la tiña. Todavía quedan pescadores que se cubren la cabeza con un cucurucho de mimbre para protegerse del sol (foto091), un gorro tradicional que va desapareciendo. En cuanto al resto del atuendo, los viejos van más desnudos que los jóvenes; apenas se cubren con un magro trozo de tela. Sus figuras traen a la memoria el verso machadiano "Casi desnudo, como los hijos de la mar".

Puri

Estampas playeras

   La extensa franja meridional de la playa de Puri, fuera ya del barrio de pescadores, está reservada a fines turísticos y recreativos. Una zona de la playa está en proceso de reforestación; la están parcelando con vallas de palmera trenzada y plantan arbolillos.
   Los vigilantes de seguridad de la playa son ancianos pescadores con un cucurucho por sombrero y un neumático en la mano. Son contratados por los bañistas para que les acompañen de cerca mientras nadan y retozan en el agua. No son muchos los nativos que se bañan. Nadie se mete muy adentro en el mar, por temor a las fuertes corrientes. Las mujeres permanecen casi siempre en la orilla, sin aventurarse más en profundo, excepto si van de la mano de sus maridos. Se bañan vestidas con sus más elegantes saris; la seda se les pega al cuerpo. En su mayoría se limitan a quedarse sentadas y dejar que la última ola las moje y la arena las embadurne.
    A veces las familias se sacan fotos con un fotógrafo público alquilado, el cual tiene que entrar al agua vestido para disparar la foto justo cuando les golpea la ola, con lo que termina con los pantalones (y la cámara) empapados. Luego seca con un pañuelo el objetivo de la cámara, poco más que un cajón made in Rusia de los años cincuenta.
   Los niños hacen surfing con unas simples tablas arrancadas de cualquier caja de madera, y utilizan neumáticos como flotadores. Otros niños se afanan en recolectar por la playa botellas de plástico vacías para sacarse unas rupias. Hay jóvenes haciendo gimnasia, footing y cabriolas, o jugando a lanzarse un disco de plástico. Un joven modela una estatua de arena con forma de mujer tumbada de exuberante anatomía. Una niña, en lugar de un castillo, se ha hecho una cocina de arena y juega a cocinitas. Un niño con las piernas deformadas por la polio renquea a gatas por las dunas.
    Hay masajistas en la playa que ofrecen sus servicios a los turistas. Sus tarifas: 20 minutos, 30 rupias; una hora, 100 rupias. Se alquila un dromedario para dar paseos y sacarse fotos. La arena quema los pies. Se ven en el cielo buitres que vuelan planeando en círculos.
Puri   Unos jóvenes brahmanes están muy interesados por una turista en bikini. Una viajera alemana, que viaja sola por la India, no se atreve a entrar al agua por lo bravas que vienen las olas. Se le acerca un muchacho quinceañero y le dice que si se baña acompañada de un pescador como él no tiene peligro de ahogarse.
   Hacia la mitad de la playa sobreviven los restos de una noria de feria abandonada y herrumbrosa. Al extremo sur la playa queda cortada por la desembocadura de un río, que traza un amplio meandro entre arenales. Las aguas están aquí remansadas y las frecuentan pescadores con cañas. Hay instalada en este lugar una fila de veinte hélices de energía eólica de unos 25 metros de alto cada una, de la casa Windmatic. La última hélice se está cayendo, pues ha cedido el terreno al comerse una lengua del río la duna sobre la que se asienta. Está inclinada en ángulo de 60º sobre el mar; la plataforma de la base está también inclinada y semihundida.
    Hemos visto el cadáver de un delfín varado en la playa, de más de dos metros, de piel muy negra y brillante, provisto de una buena colección de dientes. Un cerdo negro muerto y maloliente es llevado y traído por las olas haciendo rodar su cuerpo hinchado. Un águila de cabeza blanca se posa majestuosa en la arena.
   En el paseo marítimo de Puri hay abierta una sucursal de la oficina de información del templo de Jagannath, con el siguiente rótulo: ENQUIRY DONATION SCHEME.
   Y en la playa un cartel que exhorta: BEACH IS A PARK, NOT A LAVATORY. NO PUBLIC NUISANCES PLEASE.
Puri   A eso de las 6 empieza a anochecer. Los cajas y cajones aparentemente abandonados en la playa se transforman al caer la noche en un mercadillo de chucherías y souvenirs formando una cuadrícula de calles estrechas, iluminadas con bombonas de gas. Venden juguetes de plástico y hojalata, plumieres, collares, llaveros, caracolas, ruedas del templo de Konarak, pequeños templos de Jagannath, láminas con la imagen de Jagannath, figuras de madera de Jagannath. 

    Hoy amanece con un sol espléndido. Al cabo de un rato se pone a llover. Tenemos que ir a la playa con paraguas. 
   Vuelven ya las últimas embarcaciones que han salido a faenar esta mañana. Tres pescadores salen despedidos de la barca debido a la fuerte embestida de una ola de costado. Un señor que ha visto la escena nos comenta: "Lord Jagannath protects these fishermen".
    Hoy ha habido una gran pesca. Sobre la arena, en el área improvisada de subastas donde las mujeres regatean mientras los hombres miran, hay depositados atunes, congrios, salmonetes, sardinas, doradas y unos peces de color verde metálico con manchas, que no sabemos identificar. Gran cantidad de murenas muy largas y delgadas, de color pardo, las bocas atadas con un cordel, serpentean por la arena mientras agonizan. "Like snakes", murmura un hombre. Las mujeres les clavan un cuchillo y les arrancan la piel. Hay un gran pez-martillo y un buen número de peces-manta, algunos con una cola similar a un látigo de dos metros. Nécoras de diferentes colores. Un viejo marino nos enseña un pequeño pescado parecido a un barbo y nos dice que es un pez de Chilka Lake.
Puri   Han capturado también un buen número de tiburones, algunos de hasta tres metros. Los pescan con anzuelos grandes y una pita muy gruesa. Cuando enganchan un escualo, le sueltan cuerda y la recogen con un prolongado tira y afloja hasta cansarlo. A los tiburones les cuesta morir más que a otros peces: vemos pequeños ejemplares todavía boqueando. Sin terminar de morir, les rebanan con un cuchillo las aletas (nos dicen que para exportarlas a Singapur). Luego les cercenan la cabeza, los abren en canal, les extraen las vísceras –los hígados son enormes–, y cortan la carne en rodajas. La carne es dura, la piel parece lija, los ojos son de pupila vertical como los de los gatos. Al abrirles la boca muestran varias filas de dientes en cada mandíbula, algunos de esos dientes a su vez dentados, como si fueran pequeñas sierras. Uno de los escualos tiene sobre la espina dorsal una especie de cuerno cartilaginoso de forma triangular. Las llagas sangran y la sangre se mezcla con la arena y atrae diez mil moscas. No hay ninguna industria de enlatado o procesado: casi todo lo que se pesca es para consumo local.
   Los pescadores recogen la pita de sus cañas, no en un carrete, sino enrollándola a una botella. Otros usan para pescar una simple liz, sin caña, y el cebo se lo procuran de pequeños gusanos y crustáceos que encuentran en la arena. Nos saludan dos hombres que portan dos pequeñas langostas vivas sujetas de las antenas y nos las ofrecen en venta. Otros nos reclaman para ayudar a sacar una barca del agua.
   Para llevarse los pescados adquiridos algunas mujeres utilizan un caparazón de galápago en equilibrio sobre la cabeza. Una mujer de pelo blanco y piel muy arrugada, con los brazos tatuados, anillo en la nariz como un piercing, vestida con una pieza de tela y pulseras de latón, se fuma un puro de cuclillas en la arena.
   Un joven de unos 20 años, sonriente y de ademanes delicados, nos dice que es un 'dancing boy', que es una mujer con cuerpo de hombre. Se ofrece a bailar para nosotros en el hotel por unas rupias, cosa que declinamos. Lleva una cesta bajo el brazo y ha venido a comprar pescado a la playa, tarea propia de mujeres, mientras los pescadores en torno bromean con él, le hacen carantoñas y se ríen.

 

Continuar:  Anecdotario de viaje >>

 

 

 

FotoCD137

Una ciudad santa de la India

© Copyright fotoAleph. All rights reserved 
www.fotoaleph.com
   
Fotografías realizadas en Puri, Konarak y Bubhaneshwar (Orissa, India)

   


 

Otras exposiciones de fotos de la India en fotoAleph

India rupestre
Los comienzos del arte budista e hindú

   
India rupestre
Cuevas de Bhimbetka
Prehistoria del arte en la India

   
Cuevas de Bhimbetka 
Taj Mahal
y otras joyas del arte mogol

   
Taj Mahal

Benares
Microcosmos de la India

BENARES

Los peregrinos del Om
   

Templos del amor
Escultura erótica de la India

   

El amanecer del budismo
   
El amanecer del budismo
El Templo de Oro
   
El Templo de Oro 
Remove your shoes
   
REMOVE YOUR SHOES 
Calles de Calcuta
   
CALLES DE CALCUTA
Sadhus
Ascetas y santones de India y Nepal

   
Sadhus
Ladakh
El pequeño Tibet

   
LADAKH
Recuerdos del pasado
La herencia colonial en Asia

   
RECUERDOS DEL PASADO