Colecciones fotográficas

Amor a Mogador

Artes de pesca

 

   Esauira se abre al mar por el puerto de pescadores. La pesca sigue siendo una de las principales actividades económicas de la ciudad.
   Atravesando una explanada donde se ubica la antigua aduana, entre esbeltas araucarias que lanzan contra el cielo sus ramas horizontales y oscuras, se llega a la Puerta de la Marina (foto127), un monumental arco de medio punto abierto en la muralla que separa el puerto de la ciudad, y punto de acceso a la zona portuaria. Según hace constar una inscripción, fue construida por un arquitecto inglés en 1769. De estilo neoclásico, un frontón triangular reposa sobre columnas acanaladas, flanqueadas de garitas. Está conectada a la Escala del Puerto por medio de un puente de parapeto almenado que salva las aguas de una dársena (foto129).
   La Escala del Puerto (foto131) es una plataforma para artillería semejante a la Escala de la Medina, provista de almenas, una torre esquinera y garitas de vigilancia, que, con su batería de cañones de bronce –forjados en Holanda, España y Portugal– que apuntan al océano, defendía el puerto de las incursiones hostiles del exterior. Los cañones holandeses (foto132) llevan grabado el escudo de Holanda, con el lema 'Vigilate Deo Confidentes', y sus asideros tienen forma de pequeños delfines. Desde lo alto de la torre se divisa un extenso panorama de la ciudad, el puerto, la bahía, los arrecifes y las islas del archipiélago de Mogador.
Essaouira   El puerto está protegido de la furia del océano por ensenadas costeras y un frente de arrecifes rocosos, pero el canal de entrada a la bahía es estrecho y peligroso. De tráfico poco intenso, accesible solo a naves de poco tonelaje, el puerto de Esauira despliega todos los días una desbordante actividad que llega a su cénit por las mañanas, cuando regresan los barcos pesqueros tras haber faenado durante la noche en altamar. Llega cada uno escoltado por una ruidosa bandada de gaviotas que alborotan los cielos con sus graznidos. En cuanto el barco amarra, saltan a bordo estibadores y mozos de carga (foto091) que ayudan a los marineros a extraer de las bodegas el pescado y acarrearlo a los muelles, donde se arremolinan grupos de hombres y mujeres que están a la espera de la pesca del día.
   Inmediatamente se organiza un trasiego generalizado de compraventa y subastas, de intercambios y regateos, llevado a cabo en pequeños grupos. Gran parte de la demanda proviene de los hoteles, restaurantes y mercados locales de la misma Esauira, que cuidan a diario de abastecerse de pescado fresco. Un vendedor canta a voz en grito los precios que pide por un lote de pescados, empezando por una cifra elevada y bajando el precio gradualmente, en una especie de puja a la inversa, hasta que algún comprador hace una señal o da una voz. Adjudicado el lote. Hombres, mujeres y niños se vuelcan con ahínco a limpiar los pescados sobre el suelo del muelle (foto095), despojándolos de escamas, cabezas y vísceras. Las gaviotas se posan a unos metros (foto098) y al menor descuido arrebatan con sus picos una tripa o unas agallas y escapan al vuelo con el botín. Los gatos también merodean (foto099) acechando la oportunidad de hacerse con su parte del banquete. Los mendigos reciben alguna sardina suelta a modo de limosna.
  
   Entre las panzas de los barcos que han sido izados a los muelles para su limpieza y restauración se montan tenderetes espontáneos de venta de pescado, atendidos muchas veces por mujeres (foto103). Los pescados, almacenados en cajas de madera o expuestos sobre lonas de plástico, parecen invadir todos los espacios libres del puerto. Por todas partes se ven sardinas, caballas, anguilas, peces sable, y de vez en cuando algunas especies más exóticas como rayas y morenas (foto106), que también son aprovechadas en cocina. Aquí y allá se instalan parrillas improvisadas donde se asan a la brasa sobre todo sardinas, pero también doradas, lubinas, salmonetes, sepias y mariscos (centollos, langostas, bogavantes). Los comensales se sientan en bancos corridos en torno a mesas al aire libre, y acompañan su ración con una ensalada y un refresco. No se expenden bebidas alcohólicas, pero siempre se le puede encargar a algún chaval que traiga una botella de vino de un restaurante cercano. El fondo es un decorado de bosque, del bosque de mástiles de los barcos atracados (foto119), emergiendo sus arboladuras entre el denso y oloroso humo de las brasas de asar sardinas, que impregna el ambiente del puerto.
   Grupos de mozos proceden sin pausa a la recogida y tendido de las redes de pesca (foto111), para su secado, limpieza y reparación. Los pescadores de Esauira practican sin saberlo el arte abstracto. Tienden las redes en el suelo del muelle, en caóticos montones, y la surtida paleta de colores granates, verdes, sienas, ocres, fucsias y violetas de las distintas mallas se entreteje en mil combinaciones, haciendo olas y remolinos multicolores (foto112). Los racimos de boyas almacenadas en los diques contribuyen también a la 'instalación' con los colores chillones de sus banderines (foto115). Las embarcaciones izadas al muelle para su reparación parecen navegar sobre un mar de redes (foto109).
   Si recorremos el muelle en dirección al malecón sur, el arte abstracto pasa a ser arte surrealista cuando vemos a los barcos pesqueros de abajo arriba, como navegando sobre nuestras cabezas (foto143). Han sido alzados y varados sobre el muelle para su restauración y limpieza periódicas, y se sostienen apuntalados con simples tarugos (foto155). Los cascos son limpiados de las lapas y pequeños crustáceos que se adhieren a la madera, y después calafateados. Se restauran las hélices (foto157), se da una nueva mano de pintura a las cubiertas. Vistas así, en brutal contrapicado, algunas de las naves semejan monstruos marinos que amenazaran abalanzarse contra las torres y fortificaciones que encastillan el puerto (foto146).
Essaouira   Entramos en la zona de los astilleros (foto134), que funcionan desde los tiempos de la fundación de la villa. Si los ebanistas de Esauira son afamados por su pericia, aquí los carpinteros conocen a fondo el arte de construir navíos. Y lo practican a la vista de todo el mundo, en los mismos muelles del puerto, de modo que el paseante tiene el inusual privilegio de poder contemplar a sus anchas cómo se fabrica una embarcación pesquera, siguiendo todo el proceso en sus distintas fases, desde los comienzos, cuando el barco no es más que un esqueleto (foto140), hasta que queda definitivamente equipado para la botadura. Veremos a los obreros cepillando con esmero las cuadernas que forman el costillar de la carena (foto139), imprimiéndoles la curvatura necesaria, y ensamblándolas con la quilla y las carlingas en sólida trabazón. Les veremos luego clavando las planchas de madera que forran el exterior del casco. Veremos cómo el barco va tomando forma poco a poco. Una forma de compleja geometría, compuesta de curvas sutiles, cuyo carácter funcional no impide que el perfil de la nave adquiera una ligereza y elegancia que evoca vagamente al arte ojival. A esto se le denomina construcción naval, pero se le podría llamar, con toda propiedad, arquitectura.
  

  
La bahía de Mogador
  
   Esauira goza de un microclima templado y posee bellas playas (foto177), lo cual ha convertido a este apartado punto de la costa atlántica en uno de los lugares más apreciados de veraneo y vacaciones en Marruecos. Los vientos alisios, que soplan con un régimen constante, aportan todo el año frescor. El agua del Atlántico está muy fría en verano y refresca la temperatura ambiente. En invierno, está templada y lo atempera.
   Aunque la costa norte es una abrupta zona de acantilados y calas rocosas batidas por un fuerte oleaje, la línea costera que va hacia el sur es una larga sucesión de dunas de arena salpicadas de retamas, mimosas, enebros y otros arbustos, que tienen la virtud de inmovilizarlas. Tierra adentro crece un bosque de arganes único en Marruecos. El argán, argania spinosa, es un árbol de la familia de las sapotáceas, endémico de los semidesiertos de sudoeste de Marruecos, que vive entre 150 y 200 años. Está considerado como una reliquia de la era terciaria. Espinoso, de porte parecido al olivo, produce unos frutos que segregan al ser prensados un aceite fuertemente aromático, muy valorado como alimento y por sus usos cosméticos (ver foto de elaboración de argán en la exposición de fotoAleph 'Por el Atlas magrebí'). Es frecuente en los alrededores de Esauira ver arganes cuyas ramas están llenas de cabras: estos animales se las arreglan para trepar a las copas de los árboles y devorar sus frutos. En 1998, la UNESCO declaró Reserva de la Biosfera una zona de más de 2.560.000 hectáreas al sudoeste de Marruecos en la que crece el argán, que incluye las ciudades de Agadir y Esauira.
Essaouira   La playa es un vasto arenal que bordea la costa hasta más allá de donde la vista se pierde. Cuando el viento azota con fuerza por las tardes, las gaviotas y cormoranes se posan en la arena, en grupos mezclados, y aguantan inmóviles el embate de los alisios orientadas todas de cara al viento. Junto a la desembocadura del ued Ksob, que cruza la playa, hay un castillo en la arena (Borj el Berod), fortín de vigilancia de tiempos de Ben Abdallah, arruinado por el vaivén depredador de las mareas (foto176). Apenas se distinguen unas pocas almenas de los torreones, que, corroídos por el mar, semejan ser rocas naturales.
   Allí cerca, hacia el interior, oculto entre los matorrales y semienterrado en las dunas, subsisten las ruinas del palacio conocido como Dar Soltan (edificado por Mohamed ben Abdallah en el siglo XVIII, foto185), que por las trazas debió ser muy lujoso.
   En las proximidades se levanta sobre un altozano el pequeño pueblo de Diabat ('Pueblo de los Lobos'), con su sobria mezquita encalada de blanco. Esta aldea tiene su leyenda urbana. Se dice que Jimi Hendrix residió aquí una temporada, en una comuna hippie, y que se inspiró en el antes mencionado castillo de Borj el Berod para componer su canción Castles Made of Sand. Todo ello es falso: Hendrix visitó efectivamente Esauira en 1969, pero nunca estuvo en Diabat. (Otros músicos ilustres que han pasado por Esauira son Cat Stevens, Frank Zappa, Leonard Cohen y los Rolling Stones).
   El horizonte marino está interceptado por la alargada isla de Mogador (foto179), la mayor de las que eran llamadas por los romanos Islas Purpúreas, que resguarda la bahía del océano abierto, transformándola en un tranquilo fondeadero. Allí se levanta aún la antigua prisión, un penitenciario construido por el sultán Mulay el Hassan en el siglo XIX. Pocos barcos se acercan hoy a esta isla desierta, que es una reserva ornitológica protegida, refugio de pájaros raros, entre ellos los escasos halcones de Eleanora, una especie en peligro de extinción. Según la Unesco, el archipiélago de Mogador contiene un gran número de sitios naturales y culturales de valor universal.
   La playa se prolonga con sus dunas a lo largo del cabo Sim. Algunas dunas avanzan empujadas por el viento y van derramando en cascadas sus arenas por un desnivel de las rocas de la playa (foto183). Se pueden ver, cual si fueran esculturas abstractas expuestas al aire libre, fragmentos de maquinarias herrumbrosas, restos de naufragios (foto184). Rebaños de vacas se pasean apaciblemente por la arena (foto180), como disfrutando de un día de playa. Una pequeña caravana de dromedarios recorre el arenal (foto182) llevando un cargamento de algas rumbo a Esauira.
   Bordeando el cabo Sim, se puede llegar tras varias horas de camino –que en pleamar queda cortado por la subida del nivel del agua– a la pequeña localidad de Sidi Kauki (foto186), construida en la playa en torno a un morabito, lugar muy popular entre los amantes del windsurf, por sus grandes olas y sus fuertes vientos.       

 

 

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FotoCD91
   
Amor a Mogador

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Fotografías: Eneko Pastor
Realizadas en Essaouira (antigua Mogador, Marruecos)

   


 

Óleos de Esauira por Amaya Gurpide en fotoAleph
     
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Bocetos a óleo
   
Essaouira, por Amaya Gurpide
   
     
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